
Está todo bien con él/ella y conmigo. Le vimos sus brazos, piernas, carita, ojos, frente, mandíbulas y el cordón umbilical.
Ahora sí estoy mucho más tranquila. Y el Gato también.






No hago balances porque para eso tengo los cumpleaños. Además que el año nuevo es una excusa para poder gueviar y chupar hasta la madrugada y el ambiente en el aire se respira entrete.

Busqué lo que dicen las tarjetas, tratando de encontrarle un sentido, y algunos hablan que ojalá se nos pegue el "espíritu santo de esta navidad"; otro "que nazca el niño Jesus en sus corazones y se renueve nuestra fe" y el úrtimo que encontré: "Que esta Navidad se convierta en el umbral de un año lleno de dicha, amor, felicidad, salud y éxito".
La pulenta que ninguna de esas frases me hace ningún sentido. Porque como no creo en los dogmas de la iglesia católica, que me digan que nació Jesús y la onda me da lo mesmo.
De a poco fuimos conociendo el barrio, cachando su “onda” y los lugares: el Sindicato, la Peluquería Francesa (donde el Gato se corta el lope hasta el día de hoy), la plaza Brasil y sus curaos, la plaza del Roto Chileno donde se ve gente de todas las nacionalidades y hartos negros, Matucana 100, la Biblioteca, la Quinta Normal, el Charro de Oro (comida mexicana baratísima), el Huaso Enrique, el Galpón Víctor Jara y todas sus calles que caminamos por puro gusto y otros lugares más que ahora no se me vienen a la mente.

Hoy me llaman por teléfono todos los jefes, me regalan flores y me llegan tarjetas virtuales. Porque yo también soy secretaria.

Ayer como todos los miércoles jui al taller literario. Un poco más tarde porque Marco Antonio es entero jurgolero (y varios más), lo que me da tiempo para estacionarme, cosa que aun hago como el forro.
Es el medio pique, del campo a la city, pasando de camino rural, autopista, como tres comunas hasta llegar a mi pega.