Conversaba con la siquiatra del terremoto y la cacha de la espada, entonces ella me comentó que en los casos que una se ve tan cerca de la muerte (ya sea porque te cagaste de susto o por el rollo personal) se cuestiona la vida que tiene.
Yo conozco a algunas personas que les pasó. Que se preguntaron qué cresta esperan de la vida, de su vida, de sus relaciones, de su trabajo, de su día a día.
Que pelúo encuentro yo. Será porque mi única preocupación después del terremoto fue que a la chanchi no le pasara nada, que el Gato se mejorara de una vez por todas de las amigdalitis y faringitis que le dan tupido y parejo (y no es talla) y que cerca de esta casa tuviera una feria guena pa' ir a comprar.
Además que mi último terremoto personal lo tuve junto con el nacimiento de mi chanchi, y no es por hacerme la misteriosa al peo, pero ya les contaré.
¿A algunos de ustedes les pasó? ¿Esa onda de preguntarse qué cresta mi vida? Suerte con eso, porque puta que es cansador preguntárselo, y luego, hacer lo que hay que hacer.
Yao los vemos.
viernes, marzo 26, 2010
Crónicas Chuchetas CLXIV: El terremoto interior.
jueves, marzo 25, 2010
Crónicas Chuchetas CLXIII: Tiempo para mi.
Con el cambio de casa, el terremoto, el desorden, las réplicas, llegó un día que colapsé. Tenía puras ganas de irme a vitrinear, tomarme un café, SOLA.
Los que me leen de hace tiempo se acuerdan de cómo escribí acerca de mi embarazo, lleno de contradicciones y miedos. Espero que a muchas les haya servido leer mi punto de vista, porque lo que es yo no encontré en ninguna parte en internerd algún foro donde sentirme comprendida.
Y a pesar que amo a mi hija más que a nada en el mundo - más que al Gato, porque hombres hay muchísimos, pero mi hija es única- a veces me cansa y quisiera no tenerla un par de horitas nomás.
Lo mejor de todo es que caché que no estoy sola, como en el embarazo. Hoy encontré en la revista Paula este reportaje, que me alivió harto leerlo.
Yo cacho que el problema es sociológico, por decirlo de alguna manera. Apenas una queda embarazada, se habla de "la dulce espera". Sí claro. De dulce no tiene nada: te hinchai, retienes líquido, engordas (a algunas esto sí que les deprime), y al final tienes que dormir sentada. Claro que la primera vez que sentí moverse a mi chancha lloré, y cada vez que iba a control y la veía me sentía infinitamente feliz. Pero que es incómodo el embarazo, lo es. Eso sí que todo el mundo se hace el loco al respecto, porque ser mamá es lo mega máximo. Como me dijo la siquiatra una vez, es peor ser mala madre que puta.
Pienso en algunos países de Europa donde abortar no es tema de discusión y la que lo hace nadie la apunta con el dedo. Supongo que la maternidad debe verse de otra manera, donde si ves a tu vecina que fue mamá hace poco tomándose un copete o carreteando con sus amigas no piensas: ¿qué hace aquí si hace poco fue mamá?
Personalmente, necesito un tiempo para mí. Unas horitas nomás, no pido mucho. Me di cuenta hace una semana atrás, que tuve que hacer un trámite y como estaba mi mamá, mi hermana y mi sobrina mostra en la casa, jui sola. Me demoré repoco en lo que tenía que hacer, entonces me puse a caminar, mirando a la gente, vi la Iglesia de la Divina Providencia, después pasé a los Dos Caracoles a mirar, me compré un chaleco, le compré un regalo a mi sobrina, y como ya era hora de salida de la pega del Gato, pensé en ir a buscarlo y venirnos caminando, como antes, cuando éramos los dos nomás. Estaba en eso, cuando me llama mi hermana y me dice: se despertó y quiere tu teta, nada más. La chanchi llorando de fondo.
Tuve que tomar un taxi y rajar para mi casa. Pero me hizo harto bien desconectarme de todo.
Mi problema es que nadie te dice las cosas de verdad, y una se encuentra con estas sorpresas desagradables. Nadie te dice la verdad del embarazo, de los primeros meses de nacida, de los sentimientos que a una la embargan... y no se trata de no amar a mi chanchi, se trata de que también soy persona, mujer.
En fin, gueas que pienso a veces.
Yao los vemos.
Los que me leen de hace tiempo se acuerdan de cómo escribí acerca de mi embarazo, lleno de contradicciones y miedos. Espero que a muchas les haya servido leer mi punto de vista, porque lo que es yo no encontré en ninguna parte en internerd algún foro donde sentirme comprendida.
Y a pesar que amo a mi hija más que a nada en el mundo - más que al Gato, porque hombres hay muchísimos, pero mi hija es única- a veces me cansa y quisiera no tenerla un par de horitas nomás.
Lo mejor de todo es que caché que no estoy sola, como en el embarazo. Hoy encontré en la revista Paula este reportaje, que me alivió harto leerlo.
Yo cacho que el problema es sociológico, por decirlo de alguna manera. Apenas una queda embarazada, se habla de "la dulce espera". Sí claro. De dulce no tiene nada: te hinchai, retienes líquido, engordas (a algunas esto sí que les deprime), y al final tienes que dormir sentada. Claro que la primera vez que sentí moverse a mi chancha lloré, y cada vez que iba a control y la veía me sentía infinitamente feliz. Pero que es incómodo el embarazo, lo es. Eso sí que todo el mundo se hace el loco al respecto, porque ser mamá es lo mega máximo. Como me dijo la siquiatra una vez, es peor ser mala madre que puta.
Pienso en algunos países de Europa donde abortar no es tema de discusión y la que lo hace nadie la apunta con el dedo. Supongo que la maternidad debe verse de otra manera, donde si ves a tu vecina que fue mamá hace poco tomándose un copete o carreteando con sus amigas no piensas: ¿qué hace aquí si hace poco fue mamá?
Personalmente, necesito un tiempo para mí. Unas horitas nomás, no pido mucho. Me di cuenta hace una semana atrás, que tuve que hacer un trámite y como estaba mi mamá, mi hermana y mi sobrina mostra en la casa, jui sola. Me demoré repoco en lo que tenía que hacer, entonces me puse a caminar, mirando a la gente, vi la Iglesia de la Divina Providencia, después pasé a los Dos Caracoles a mirar, me compré un chaleco, le compré un regalo a mi sobrina, y como ya era hora de salida de la pega del Gato, pensé en ir a buscarlo y venirnos caminando, como antes, cuando éramos los dos nomás. Estaba en eso, cuando me llama mi hermana y me dice: se despertó y quiere tu teta, nada más. La chanchi llorando de fondo.
Tuve que tomar un taxi y rajar para mi casa. Pero me hizo harto bien desconectarme de todo.
Mi problema es que nadie te dice las cosas de verdad, y una se encuentra con estas sorpresas desagradables. Nadie te dice la verdad del embarazo, de los primeros meses de nacida, de los sentimientos que a una la embargan... y no se trata de no amar a mi chanchi, se trata de que también soy persona, mujer.
En fin, gueas que pienso a veces.
Yao los vemos.
miércoles, marzo 24, 2010
Crónicas Chuchetas CLXII: Terremoto juliao, segunda parte.
Según mi sobrina mostra Vale (de 12 años) apenas terminó el terremoto sonó el teléfono con mi llamada. Y por esa misma razón mantuvimos la línea teléfonica en nuestra nueva casa, porque -como todos saben- los celulares murieron, y gracias al teléfono pudimos comunicarnos con toda nuestra familia, ya que funcionaron las líneas hasta las 7 de la mañana.
Antes de subirnos al auto, le pasamos velas a la señora María, nuestra vecina (ex ahora) que vive sola y que no encontraba nada. El vecino del otro lado, don Hernán, andaba en la calle preguntando cómo estábamos.
Abrigué a la chanchi, agarramos el par de linternas que mi suegro nos había regalado hace un tiempo atrás, y partimos lentito a buscar a mi hermana, que vive relativamente cerca; unos 10 minutos en auto.
Lo que más me llamó la atención fue la cantidad de autos y gente que andaba en la calle, como si fueran las tres de la tarde. Mucha gente en las plazas, con sus perros y frazadas (quedaba clarísimo que vivían en los tantos edificios de departamentos de Providencia), y todo el mundo andando tranquilo, dejando pasar, como nunca en las calles de Santiago. El Gato manejó lento, y mientras tanto yo iba marcando el celular de mi hermano, con nada de señal.
Al edificio donde vive mi hermana no le pasó absolutamente nada, pero igual partimos para mi casa. En el auto pusimos la Cooperativa y comenzamos a darnos cuenta de la intensidad del terremoto y que fue en casi todo el país.
Ya en mi casa, nos acomodamos para pasar la noche en vela. Mi hermana con mi cuñado andaban con mp3 y lo que ellos escuchaban, nos contaban. El Gato también escuchó las noticias; yo estaba preocupada de mi chanchi nomás. También le explicamos a mi sobrina mostra que podían venir réplicas fuertes, para que supiera y no se asustara. También hablábamos con mi mamá por teléfono, hasta que mi hermano llegó tipo 6 y media de la mañana (es vecino de mi mamá, por eso). Amaneció, tomamos desayuno (con harta azúcar, para tener energía) y seguimos cagaos de susto, escuchando la radio.
Como no teníamos luz, alrededor de las 8 de la tarde partimos a Irarrázaval. La idea era encontrar un local abierto, comer algo, enchufar los celulares (aunque no servían para nada) y ver noticias.
Cerca de la plaza Ñuñoa encontramos un local, donde pedimos unos churrascos y vimos noticias. Puta que es diferente escuchar a ver. Fue muy muy impactante ver la zona de Concepción destruida.
Lo peor es que venían y venían réplicas, entonces estábamos comiendo, viendo noticias, mi hermana hablando por celular con mi mamá, y venía el remezón. Yo salía cascando con la chanchi en brazos y el Gato siempre tratando de tranquilizarme.
Y más que irme por los detalles del día a día (que fue el doble de estresante porque la persona que nos cambiaría el lunes de casa no llegó, ya que estaba en Constitución atrapado), recuerdo el ambiente en general que se vivían en esos días: la gente andaba distinta, con cuidado, impactada. El domingo 28, bien temprano, partimos con el Gato a un supermercado que nos quedaba cerca de la casa, a comprar pocas cosas, porque jamás entré en esa locura de comprar harina por miles de kilos, como vi. Y el supermercado estaba lleno de gente, llenando el carro de abarrotes como si fuera el fin del mundo. Si me voy en la mística, como que las energías estaban bastantes bajas. Nosotros compramos lo básico para tomar desayuno y hacer almuerzo, nada más.
También compré pan en un almacén cerca de mi ex casa. La gente estaba haciendo la fila (me parece que fue la mañana siguiente del terremoto) y mientras tanto el Gato con la chanchi andaban comprando bebidas. En ese momento conocí a más vecinos, y todos contaban cómo lo habían pasado, cómo estaban, que se les había roto. Llegó el pan (que no era mucho) y no faltaba el desubicado que quería como 20, entonces el dueño del boliche más toda la gente le decíamos que fuera solidario, que todos los vecinos queríamos pan. Yo compré 7, y vendían de acuerdo a la cantidad de gente que quedaba.
Ya será un mes del terremoto, y cuando hago memoria para escribir este post, por supuesto que no son buenos recuerdos (que obvio), son más bien días raros, con la gente asustada, sin luz, viendo noticias tristes, de la gente pasándolo pésimo.
Así fue más o menos la cosa.
Antes de subirnos al auto, le pasamos velas a la señora María, nuestra vecina (ex ahora) que vive sola y que no encontraba nada. El vecino del otro lado, don Hernán, andaba en la calle preguntando cómo estábamos.
Abrigué a la chanchi, agarramos el par de linternas que mi suegro nos había regalado hace un tiempo atrás, y partimos lentito a buscar a mi hermana, que vive relativamente cerca; unos 10 minutos en auto.
Lo que más me llamó la atención fue la cantidad de autos y gente que andaba en la calle, como si fueran las tres de la tarde. Mucha gente en las plazas, con sus perros y frazadas (quedaba clarísimo que vivían en los tantos edificios de departamentos de Providencia), y todo el mundo andando tranquilo, dejando pasar, como nunca en las calles de Santiago. El Gato manejó lento, y mientras tanto yo iba marcando el celular de mi hermano, con nada de señal.
Al edificio donde vive mi hermana no le pasó absolutamente nada, pero igual partimos para mi casa. En el auto pusimos la Cooperativa y comenzamos a darnos cuenta de la intensidad del terremoto y que fue en casi todo el país.
Ya en mi casa, nos acomodamos para pasar la noche en vela. Mi hermana con mi cuñado andaban con mp3 y lo que ellos escuchaban, nos contaban. El Gato también escuchó las noticias; yo estaba preocupada de mi chanchi nomás. También le explicamos a mi sobrina mostra que podían venir réplicas fuertes, para que supiera y no se asustara. También hablábamos con mi mamá por teléfono, hasta que mi hermano llegó tipo 6 y media de la mañana (es vecino de mi mamá, por eso). Amaneció, tomamos desayuno (con harta azúcar, para tener energía) y seguimos cagaos de susto, escuchando la radio.
Como no teníamos luz, alrededor de las 8 de la tarde partimos a Irarrázaval. La idea era encontrar un local abierto, comer algo, enchufar los celulares (aunque no servían para nada) y ver noticias.
Cerca de la plaza Ñuñoa encontramos un local, donde pedimos unos churrascos y vimos noticias. Puta que es diferente escuchar a ver. Fue muy muy impactante ver la zona de Concepción destruida.
Lo peor es que venían y venían réplicas, entonces estábamos comiendo, viendo noticias, mi hermana hablando por celular con mi mamá, y venía el remezón. Yo salía cascando con la chanchi en brazos y el Gato siempre tratando de tranquilizarme.
Y más que irme por los detalles del día a día (que fue el doble de estresante porque la persona que nos cambiaría el lunes de casa no llegó, ya que estaba en Constitución atrapado), recuerdo el ambiente en general que se vivían en esos días: la gente andaba distinta, con cuidado, impactada. El domingo 28, bien temprano, partimos con el Gato a un supermercado que nos quedaba cerca de la casa, a comprar pocas cosas, porque jamás entré en esa locura de comprar harina por miles de kilos, como vi. Y el supermercado estaba lleno de gente, llenando el carro de abarrotes como si fuera el fin del mundo. Si me voy en la mística, como que las energías estaban bastantes bajas. Nosotros compramos lo básico para tomar desayuno y hacer almuerzo, nada más.
También compré pan en un almacén cerca de mi ex casa. La gente estaba haciendo la fila (me parece que fue la mañana siguiente del terremoto) y mientras tanto el Gato con la chanchi andaban comprando bebidas. En ese momento conocí a más vecinos, y todos contaban cómo lo habían pasado, cómo estaban, que se les había roto. Llegó el pan (que no era mucho) y no faltaba el desubicado que quería como 20, entonces el dueño del boliche más toda la gente le decíamos que fuera solidario, que todos los vecinos queríamos pan. Yo compré 7, y vendían de acuerdo a la cantidad de gente que quedaba.
Ya será un mes del terremoto, y cuando hago memoria para escribir este post, por supuesto que no son buenos recuerdos (que obvio), son más bien días raros, con la gente asustada, sin luz, viendo noticias tristes, de la gente pasándolo pésimo.
Así fue más o menos la cosa.
martes, marzo 16, 2010
Crónicas Chuchetas CLXI: Terremoto juliao, primera parte.
He estado tantos días desconectada de internerd que no cacho por donde empezar. Me gustaría visitarlos a todos primero, para ver como van y cómo vivieron el terremoto, pero aprovecho de bolsear internerd a algún vecino pajarón que no pone clave, ya que mañana (se supone) nos instalan todo el pack de la compañía de cable y telecomunicación, entonces, cuando mi guatona se duerma, podré navegar con calma y guena letra.
Y a pesar que han pasado varios días ya del terremoto, igual quiero contarles mi experiencia. A los que no les interesa, pueden dejar de leer. Así de fácil.
El viernes 26 de febrero en la mañana firmamos el contrato de arriendo de la casa en que me encuentro ahora. Como nos creíamos organizados, el Gato había pedido vacaciones (la idea era cambiarnos y luego escapar a Viña del Mar), la mudanza la haría una persona que es de nuestra plena confianza y teníamos casi todo embalado. Felices por haber firmado el contrato, partimos a almorzar comida peruana.
El sábado 27 se nos pasó embalando y ordenando. Esa noche hicimos la cama en el living (usando solamente el colchón) porque la idea era tener el domingo más relajado, para así el lunes subir todo al camión con calma.
El Gato se acostó cerca de las 3 de la mañana; nosotras con la chancha estábamos zeta que rato. Quizás mi miedo a los temblores nos ayudó a salir prontamente de la casa esa madrugada. Y mi temor es bastante obvio: que se convierta en terremoto. Porque la diferencia la da la duración del movimiento, y a eso yo estoy siempre atenta. Quedé traumada con el terremoto del 85, de seguro.
Me costó despertar al Gato. Mucho. Creo que le dije que se levantara porque era un temblor fuerte. Salimos a la terraza y comenzó el movimiento con ruido, mucho mucho ruido. ¿Cómo poner en palabras el terror de ese momento? Para los que nunca han vivido un terremoto, la tierra se mueve como cuando una está arriba de un barco en el mar bravo. Algo así. Encima de la mesa de la terraza teníamos diarios (para embalar lo delicado) que se caían y los colgantes que tengo en el jardín sonaban muy fuerte, por el movimiento. Mi chanchita durmió todo el rato, la Petunia (nuestra perrita) saltaba al lado nuestro y mis gatos salieron corriendo y gritando, asustados. El Gato nos abrazó y la verdad es que su actitud tranquila me mantuvo más o menos estable, porque lo único que hice fue rezar y abrazar a mi hija, que no se despertó.
Después el Gato me comentó que lo único que hizo todo el rato fue mirar las paredes, por si se caían. Y mirar el tendido eléctrico afuera, porque los cables estaban rojos. Afuera de nuestra casa habían unos cables todos quemados, en el suelo.
Por puro instinto, apenas terminó el terremoto, llamé a mi hermana que vive en un 5 piso. Estaba muy tranquila, y le dije que partíamos a buscarla, ya que vivíamos relativamente cerca. Llamé a mi mamá que estaba sola y lloraba la pobre, porque mi hermano estaba de vacaciones en Viña del Mar. La tranquilicé un poco contándole que iba a buscar a mi hermana, que estábamos todos bien.
Después sigo, porque la chanchi tiene hambre.
Gracias a todos por la preocupación.
Y a pesar que han pasado varios días ya del terremoto, igual quiero contarles mi experiencia. A los que no les interesa, pueden dejar de leer. Así de fácil.
El viernes 26 de febrero en la mañana firmamos el contrato de arriendo de la casa en que me encuentro ahora. Como nos creíamos organizados, el Gato había pedido vacaciones (la idea era cambiarnos y luego escapar a Viña del Mar), la mudanza la haría una persona que es de nuestra plena confianza y teníamos casi todo embalado. Felices por haber firmado el contrato, partimos a almorzar comida peruana.
El sábado 27 se nos pasó embalando y ordenando. Esa noche hicimos la cama en el living (usando solamente el colchón) porque la idea era tener el domingo más relajado, para así el lunes subir todo al camión con calma.
El Gato se acostó cerca de las 3 de la mañana; nosotras con la chancha estábamos zeta que rato. Quizás mi miedo a los temblores nos ayudó a salir prontamente de la casa esa madrugada. Y mi temor es bastante obvio: que se convierta en terremoto. Porque la diferencia la da la duración del movimiento, y a eso yo estoy siempre atenta. Quedé traumada con el terremoto del 85, de seguro.
Me costó despertar al Gato. Mucho. Creo que le dije que se levantara porque era un temblor fuerte. Salimos a la terraza y comenzó el movimiento con ruido, mucho mucho ruido. ¿Cómo poner en palabras el terror de ese momento? Para los que nunca han vivido un terremoto, la tierra se mueve como cuando una está arriba de un barco en el mar bravo. Algo así. Encima de la mesa de la terraza teníamos diarios (para embalar lo delicado) que se caían y los colgantes que tengo en el jardín sonaban muy fuerte, por el movimiento. Mi chanchita durmió todo el rato, la Petunia (nuestra perrita) saltaba al lado nuestro y mis gatos salieron corriendo y gritando, asustados. El Gato nos abrazó y la verdad es que su actitud tranquila me mantuvo más o menos estable, porque lo único que hice fue rezar y abrazar a mi hija, que no se despertó.
Después el Gato me comentó que lo único que hizo todo el rato fue mirar las paredes, por si se caían. Y mirar el tendido eléctrico afuera, porque los cables estaban rojos. Afuera de nuestra casa habían unos cables todos quemados, en el suelo.
Por puro instinto, apenas terminó el terremoto, llamé a mi hermana que vive en un 5 piso. Estaba muy tranquila, y le dije que partíamos a buscarla, ya que vivíamos relativamente cerca. Llamé a mi mamá que estaba sola y lloraba la pobre, porque mi hermano estaba de vacaciones en Viña del Mar. La tranquilicé un poco contándole que iba a buscar a mi hermana, que estábamos todos bien.
Después sigo, porque la chanchi tiene hambre.
Gracias a todos por la preocupación.
viernes, marzo 05, 2010
UPDATE (bolseando internerd)
Estoy en la casa de mi suegro bolseando internerd, dando las gracias por las felicitaciones que me dejaron en mi facebook por mi cumple (el jueves 4 cumplí 37) y revisando correos de la pega y gueas así.
El martes me cambié de casa y por eso estoy desconectada. Han sido días terribles después del terremoto, sólo dar las gracias por que no nos pasó nada, pero ver el dolor ajeno es demasiado.
Ya me pondré al día con mi blog, los leeré a todos y ojalá la gente que ha sufrido tanto tanto tanto de a poco reconstruya su vida.
Lo único terrible fue que un hijo de la gran puta atropelló a mi Pulgosito, pero lo enterramos en la casa. Nos queda la Petunia (nuestra perrita) y Jacinto, hermano de Pulgoso.
Un abrazo apretao a todos.
El martes me cambié de casa y por eso estoy desconectada. Han sido días terribles después del terremoto, sólo dar las gracias por que no nos pasó nada, pero ver el dolor ajeno es demasiado.
Ya me pondré al día con mi blog, los leeré a todos y ojalá la gente que ha sufrido tanto tanto tanto de a poco reconstruya su vida.
Lo único terrible fue que un hijo de la gran puta atropelló a mi Pulgosito, pero lo enterramos en la casa. Nos queda la Petunia (nuestra perrita) y Jacinto, hermano de Pulgoso.
Un abrazo apretao a todos.
martes, febrero 23, 2010
Crónicas Chuchetas CLX: Te dije que no pusieras el mail en tu perfil.
Hace un tiempo atrás tenía puesta mi dirección de correo electrónico en mi perfil blogger. Porque sí nomás. Hasta que un lolito me escribía correos comentándome mis posteos. Onda que yo escribía que me sentía triste, y el gueón me mandaba un mail diciéndome que pucha que pena que estuviera así, que ojalá tirara para arriba... Yo no le respondía nada, pero el joven en cuestión seguía con los correos.
Entonces saqué mi mail del perfil y de seguro bloquié al juliao, no me acuerdo.
Y hace unos meses atrás me dije a mi misma que quizás alguien interesante, blogero también (o blogera, obvio) quisiera escribirme pa' conversar, hacer algo entretenido (como el taller literario en que estoy ahora), juntarse pa' escribir o miles de cosas más, y la única forma de contactarme es mi correo electrónico. Entonces lo puse de nuevo en mi perfil. Y hasta ayer cero problemas.
Porque ayer recibí un correo de un lolo diciéndome que estaba de acuerdo en lo de las flacas y que adonde vivo ahora, porque como digo que soy viñamarina de nacimiento...
Es bien raro esto del mundo virtual. Porque a muchos que leo y que me leen los tengo de amigos en facebook y me gusta sapearles las fotos de sus familias, de sus vacaciones, cachar que música suben, y los siento cercanos, y así cuando leo sus blogs tengo un contexto, y siento que estoy leyendo a alguien cercano y guena onda. Por eso me gusta que me comenten las fotos que publico, que me agarren pal hueveo también, saludarnos para los cumpleaños, mandarnos felicidades pa' la navidá, año nuevo, mandarnos abrazos virtuales. Y si alguna vez me quieren mandar un mail pa' contarme algo porque piensan que los puedo ayudar, la raja. Yo lo he hecho con la sita Sabina, y me ayudó caleta.
Pero que un gil que no conozco ni en pelea de perros me escriba un correo a pito de nada como que me entra a molestar su resto. Si pa' eso tengo la opción de comentar. Está bien, no tengo la opción de anónimos (se me llenaría de gueones ociosos escribiendo gueas), pero hacerse un perfil blogger mula no es taaaaaan complicado tampoco (te demorai 5 minutos con raja).
Como aclaración: no tengo un blog para buscar pareja (tengo mi hombrón, y aunque nos agarramos de las mechas de vez en vez, nos amamos), ni para coquetear, ni para hacerme la gueona, ni para que crean que soy entera top. Tengo un blog porque me gusta escribir, me gusta que me lean, y los que me conocen en vivo y en directo saben que soy igual por escrito como en vivo. Y tampoco me creo mijita rica que todos se enamoran de ella.
Igual no pienso sacar mi mail de mi perfil. Apuesto a que varios les ha pasado, ¿onofre?
Yao los vemos.
Entonces saqué mi mail del perfil y de seguro bloquié al juliao, no me acuerdo.
Y hace unos meses atrás me dije a mi misma que quizás alguien interesante, blogero también (o blogera, obvio) quisiera escribirme pa' conversar, hacer algo entretenido (como el taller literario en que estoy ahora), juntarse pa' escribir o miles de cosas más, y la única forma de contactarme es mi correo electrónico. Entonces lo puse de nuevo en mi perfil. Y hasta ayer cero problemas.
Porque ayer recibí un correo de un lolo diciéndome que estaba de acuerdo en lo de las flacas y que adonde vivo ahora, porque como digo que soy viñamarina de nacimiento...
Es bien raro esto del mundo virtual. Porque a muchos que leo y que me leen los tengo de amigos en facebook y me gusta sapearles las fotos de sus familias, de sus vacaciones, cachar que música suben, y los siento cercanos, y así cuando leo sus blogs tengo un contexto, y siento que estoy leyendo a alguien cercano y guena onda. Por eso me gusta que me comenten las fotos que publico, que me agarren pal hueveo también, saludarnos para los cumpleaños, mandarnos felicidades pa' la navidá, año nuevo, mandarnos abrazos virtuales. Y si alguna vez me quieren mandar un mail pa' contarme algo porque piensan que los puedo ayudar, la raja. Yo lo he hecho con la sita Sabina, y me ayudó caleta.
Pero que un gil que no conozco ni en pelea de perros me escriba un correo a pito de nada como que me entra a molestar su resto. Si pa' eso tengo la opción de comentar. Está bien, no tengo la opción de anónimos (se me llenaría de gueones ociosos escribiendo gueas), pero hacerse un perfil blogger mula no es taaaaaan complicado tampoco (te demorai 5 minutos con raja).
Como aclaración: no tengo un blog para buscar pareja (tengo mi hombrón, y aunque nos agarramos de las mechas de vez en vez, nos amamos), ni para coquetear, ni para hacerme la gueona, ni para que crean que soy entera top. Tengo un blog porque me gusta escribir, me gusta que me lean, y los que me conocen en vivo y en directo saben que soy igual por escrito como en vivo. Y tampoco me creo mijita rica que todos se enamoran de ella.
Igual no pienso sacar mi mail de mi perfil. Apuesto a que varios les ha pasado, ¿onofre?
Yao los vemos.
sábado, febrero 20, 2010
Crónicas Chuchetas CLXI: Las desnutrías que comen puro chocolate y tortas.
No hay gueá que más me empelote en la vida que esas minas terribles de flacuchas y que cuando le preguntan que comen, responden: chocolates, tortas, comida italiana, dulces. Sí, seguro. Y yo soy tan gueona que les creo.
Claro que me refiero a las locas de la tele, obviamente. Me acordé de esto por el festival de Viña, estuve leyendo en un diario de farándula que una loca está regia y cuando le preguntan ella dice que el ser mamá le ayuda y que es por genética. ¡Mentira! Sé por primerísima juente que la loca esta no come ninguna gueá, que está entera desnutría por lo mesmo.
¿Cuál es la idea de mentir tanto? Igual es preocupante porque las pendejas les creen, entonces se preguntan qué como las lolas estas comen tanto y son tan regias. Yo les digo cómo: porque es mentira poh!!!!!!
Tenía la necesidad de descargarme de las mentiras de las desnus (así le llamamos a las desnutrías en mi familia). Si ser flaca regia, tener el poto parao y todo eso cuesta, hay que comer terrible de sano, hacer harto deporte y si te dan ganas de comerte un dulce, obligá a comerte un plato gigante de repollo. Y no es talla.
Es lo mismo pero al revés de las guatonas: siempre dicen que comen poco y una las ve cada día más gordas. ¿Raro, no?
Así con las gueas de la vida.
Yao los vemos.
Claro que me refiero a las locas de la tele, obviamente. Me acordé de esto por el festival de Viña, estuve leyendo en un diario de farándula que una loca está regia y cuando le preguntan ella dice que el ser mamá le ayuda y que es por genética. ¡Mentira! Sé por primerísima juente que la loca esta no come ninguna gueá, que está entera desnutría por lo mesmo.
¿Cuál es la idea de mentir tanto? Igual es preocupante porque las pendejas les creen, entonces se preguntan qué como las lolas estas comen tanto y son tan regias. Yo les digo cómo: porque es mentira poh!!!!!!
Tenía la necesidad de descargarme de las mentiras de las desnus (así le llamamos a las desnutrías en mi familia). Si ser flaca regia, tener el poto parao y todo eso cuesta, hay que comer terrible de sano, hacer harto deporte y si te dan ganas de comerte un dulce, obligá a comerte un plato gigante de repollo. Y no es talla.
Es lo mismo pero al revés de las guatonas: siempre dicen que comen poco y una las ve cada día más gordas. ¿Raro, no?
Así con las gueas de la vida.
Yao los vemos.
miércoles, febrero 17, 2010
Crónicas Chuchetas CLVIII: En el trome con la chanchi.
Enveces me pregunto si algún lolito del extranjero me leerá. Probablemente no, porque obviamente si uno no es chileno no cacha nada, cosa de mirar el título que le puse a esta entrada.
Eso de hablar al revés las palabras mi papá lo hacía desde yo era niña: él iba al ñoba (baño pa' los no vivos), decía "alverre" en vez de al revés, y un montón de palabras que no me acuerdo. De ahí mi facilidad pa' dar guerta las palabras, aunque ahora sea típico de los chorizos y flaites.
También me pregunto si alguno de los que me lee y no me conoce en vivo y en diresto piensa que hablo así, medio flaitonga y con puras chuchás. Les respondo: sí y no.
La cosa es que hoy partimos al control de los 6 meses de la chanchi: ta terrible de sanita, gorda y hermosa. Y comienza a almorzar, cosa que les contaré en otro post. El Gato no pudo acompañarme porque no logró escaparse antes de la pega, y como igual me aburro en la casa y la chancha se porta bien cuando andamos en la calle (salió entera callejera), partí a Independencia a comprar 5 metros de tela que necesito para tapizar un sillón que le tengo harto cariño, además que tengo un vecino que es maestro tapicero y me cobra barato por la pega. Súmenle que como soy entera avispá el finde compramos un coche paraguas (el otro es entero bacán pero no puedo andar sola con la chanchi) porque quiero andar pa todos laos, en micro, taxi y metro, que tanto.
De la pediatra caminé hasta el metro Santa Lucía. Cuando una camina no cacha las escaleras, pero vagínense (bah, estoy como The Yeguas) imagínense con el coche. Mientras miraba y miraba la chorrera de escalones y trataba de pensar una manera de bajarlos sin sacar a la guatona del coche (porque si lo hago agarra papa con los brazos y después la siento y llora como si la estuvieran matando y la gente me mira como si fuera mala mamá, aunque no me debería importar, pero la gente es entera sapa), un lolo me ayuda a bajar. Después trato de pasar por el torniquete famoso con el coche y llega un guardia y entre que me reta y me dice que está una puerta para que la gente con coche o en silla de ruedas pase, porque yo le reclamé que el metro es pa gente con dos pies nomás. Pasé por la famosa puerta y me encontré con la chorrera de escalones de nuevo. Y como soy entera pulenta, agarré el coche con la chancha adentro y los bajé. De pasaita les cuento que mi hija hermosa está pesando 8 kilos 350 gramos, nada menos.
Por la hora (alrededor de las 5 de la tarde) y por ser febrero (Santiago cuasi pelao) el metro estaba bastante decente, como antes del Transantiago. Me bajé en Los Héroes y para hacer el transbordo a la línea 2 me ayudó otro hombre. Las minas ni pescan, lo que me parece raro si nosotras somos las que nos embarazamos y parimos y criamos. En fin. Por suerte las líneas nuevas del metro tienen ascensores (que usan harto las viejas guatonas balsas; deberían caminar las cerdas), lo que me hizo el resto del viaje más agradable.
Claro que de la estación Patronato hasta la calle Independencia son alrededor de 4 cuadras, donde vi harta pobreza, perritos tristes, malos olores... otro Santiago. Lo gueno es que encontré una tela preciosa y barata, después el Gato nos pasó a buscar en el tocomocho y listo.
Por eso ahora estoy raja. Lo que pasa es que en las mañanas me levanto temprano y camino como dos horas (mientras mi cerdita habla en su idioma guaguno y duerme y se despierta feliz), entonces como que me voy al chancho con la actividá.
Yao los vemos.
Eso de hablar al revés las palabras mi papá lo hacía desde yo era niña: él iba al ñoba (baño pa' los no vivos), decía "alverre" en vez de al revés, y un montón de palabras que no me acuerdo. De ahí mi facilidad pa' dar guerta las palabras, aunque ahora sea típico de los chorizos y flaites.
También me pregunto si alguno de los que me lee y no me conoce en vivo y en diresto piensa que hablo así, medio flaitonga y con puras chuchás. Les respondo: sí y no.
La cosa es que hoy partimos al control de los 6 meses de la chanchi: ta terrible de sanita, gorda y hermosa. Y comienza a almorzar, cosa que les contaré en otro post. El Gato no pudo acompañarme porque no logró escaparse antes de la pega, y como igual me aburro en la casa y la chancha se porta bien cuando andamos en la calle (salió entera callejera), partí a Independencia a comprar 5 metros de tela que necesito para tapizar un sillón que le tengo harto cariño, además que tengo un vecino que es maestro tapicero y me cobra barato por la pega. Súmenle que como soy entera avispá el finde compramos un coche paraguas (el otro es entero bacán pero no puedo andar sola con la chanchi) porque quiero andar pa todos laos, en micro, taxi y metro, que tanto.
De la pediatra caminé hasta el metro Santa Lucía. Cuando una camina no cacha las escaleras, pero vagínense (bah, estoy como The Yeguas) imagínense con el coche. Mientras miraba y miraba la chorrera de escalones y trataba de pensar una manera de bajarlos sin sacar a la guatona del coche (porque si lo hago agarra papa con los brazos y después la siento y llora como si la estuvieran matando y la gente me mira como si fuera mala mamá, aunque no me debería importar, pero la gente es entera sapa), un lolo me ayuda a bajar. Después trato de pasar por el torniquete famoso con el coche y llega un guardia y entre que me reta y me dice que está una puerta para que la gente con coche o en silla de ruedas pase, porque yo le reclamé que el metro es pa gente con dos pies nomás. Pasé por la famosa puerta y me encontré con la chorrera de escalones de nuevo. Y como soy entera pulenta, agarré el coche con la chancha adentro y los bajé. De pasaita les cuento que mi hija hermosa está pesando 8 kilos 350 gramos, nada menos.
Por la hora (alrededor de las 5 de la tarde) y por ser febrero (Santiago cuasi pelao) el metro estaba bastante decente, como antes del Transantiago. Me bajé en Los Héroes y para hacer el transbordo a la línea 2 me ayudó otro hombre. Las minas ni pescan, lo que me parece raro si nosotras somos las que nos embarazamos y parimos y criamos. En fin. Por suerte las líneas nuevas del metro tienen ascensores (que usan harto las viejas guatonas balsas; deberían caminar las cerdas), lo que me hizo el resto del viaje más agradable.
Claro que de la estación Patronato hasta la calle Independencia son alrededor de 4 cuadras, donde vi harta pobreza, perritos tristes, malos olores... otro Santiago. Lo gueno es que encontré una tela preciosa y barata, después el Gato nos pasó a buscar en el tocomocho y listo.
Por eso ahora estoy raja. Lo que pasa es que en las mañanas me levanto temprano y camino como dos horas (mientras mi cerdita habla en su idioma guaguno y duerme y se despierta feliz), entonces como que me voy al chancho con la actividá.
Yao los vemos.
lunes, febrero 15, 2010
Crónicas Chuchetas CLVII: Soy inmensamente feliz.
La desición que tenía que tomar y que me tenía tan preocupada ya la tomé. Pero les voy a contar cuando ya tenga todo listeilor, pa' que todo me resulte bien. Asi que tranqui con la copucha.
Y desde que decidí muchas se aclararon, y el Gato decidió otras y llegó la Petunia (nuestra perrita Fox Terrier Chilena, entera pelusona) y en la familia ahora somos cinco (más Jacinto y Pulgoso, los gatos guatones) y toda mi vida es la raja. Me siento muy muy mega plena.
No crean que vivo en las nubes, pero nosotros no tenemos problemas: hay situaciones que mejorar y otras que se podrían mejorar. Me carga la palabra "problema", de hecho. Por ser, no tenemos casa propia. Lo que pasa es que no nos gustan los deptos y las casas que nos gustan son caras y preferimos esperar su resto para comprarla. Por esta razón es que dejaremos la comuna de Providencia (donde vivimos en una casa grande pero entera vieja que se nos llovió en invierno y me veía entera pituca con la media guata de preñá y llena de ollas con agua, obligá a reirme nomás) y nos iremos a Ñuñoa, a una casa un resto más chica pero con un patio bacán y llena de luz, que es lo que más me gusta.
Siento también que la maternidad me hace sentirme más joven. Cachen que en marzo cumpliré 37 años. Es decir, me faltan tres para los 40. ¿Y ustedes creen que yo me siento adulta o más señora? No poh, cada día me siento más jovial, con más energía, con más ganas de hacer cosas, aparte que con la chanchi no paro renunca, y gracias a esto último he adelgazado sin querer queriendo, lo que es más pulento aún. Parece que hasta bajé una talla, aunque la guata sigue ahí, por eso no cerdeen si quieren tener un hijo.
También me gustaría tener un auto para mí y otro para el Gato, en vez de uno para los dos. Pero son cosas que ya vendrán, y las cosas no mueven mi vida ni cagando, porque lo que mueve el mundo lo tengo de sobra: el amor. Que sería de mi sin el amor que siento hacia mi hija hermosa, y hacia el hombre que me ampara, como dice mi mamá gueviando.
Puro amor para todos. La pulenta. ¿Pa' que quiero plata si no soy capaz de amar?
Yao los vemos.
Y desde que decidí muchas se aclararon, y el Gato decidió otras y llegó la Petunia (nuestra perrita Fox Terrier Chilena, entera pelusona) y en la familia ahora somos cinco (más Jacinto y Pulgoso, los gatos guatones) y toda mi vida es la raja. Me siento muy muy mega plena.
No crean que vivo en las nubes, pero nosotros no tenemos problemas: hay situaciones que mejorar y otras que se podrían mejorar. Me carga la palabra "problema", de hecho. Por ser, no tenemos casa propia. Lo que pasa es que no nos gustan los deptos y las casas que nos gustan son caras y preferimos esperar su resto para comprarla. Por esta razón es que dejaremos la comuna de Providencia (donde vivimos en una casa grande pero entera vieja que se nos llovió en invierno y me veía entera pituca con la media guata de preñá y llena de ollas con agua, obligá a reirme nomás) y nos iremos a Ñuñoa, a una casa un resto más chica pero con un patio bacán y llena de luz, que es lo que más me gusta.
Siento también que la maternidad me hace sentirme más joven. Cachen que en marzo cumpliré 37 años. Es decir, me faltan tres para los 40. ¿Y ustedes creen que yo me siento adulta o más señora? No poh, cada día me siento más jovial, con más energía, con más ganas de hacer cosas, aparte que con la chanchi no paro renunca, y gracias a esto último he adelgazado sin querer queriendo, lo que es más pulento aún. Parece que hasta bajé una talla, aunque la guata sigue ahí, por eso no cerdeen si quieren tener un hijo.
También me gustaría tener un auto para mí y otro para el Gato, en vez de uno para los dos. Pero son cosas que ya vendrán, y las cosas no mueven mi vida ni cagando, porque lo que mueve el mundo lo tengo de sobra: el amor. Que sería de mi sin el amor que siento hacia mi hija hermosa, y hacia el hombre que me ampara, como dice mi mamá gueviando.
Puro amor para todos. La pulenta. ¿Pa' que quiero plata si no soy capaz de amar?
Yao los vemos.
domingo, febrero 07, 2010
Crónicas Chuchetas CLVI: Somos adultos cuando aceptamos a nuestros padres.
Cuando somos brocas, nuestros papás son los mejores y no les encontramos ningún defecto. O por lo menos a mi me pasaba así, los encontraba enteros bacanes, mi mamá era la mejor del mundo, y mi papá era perfecto.
Lo obvio: llega la adolescencia y nuestra visión sobre ellos cambia. Pa' que los voy a latear sobre un tema que se ha escrito y se sigue escribiendo. A prosópito de la adolescencia, mi sobrina mostra (que hoy cumple 12 años) está entrando raudamente a la "edad del pavo", y puta que a veces hay que tenerle paciencia, se pone mega antipática, contraria a todo... insoportable. Yo la miro y pienso que a su edad fui igual y me encontraba simpática.
La cosa es que seguimos creciendo, estudiando, trabajando, enamorándonos y criticando a nuestros padres. Nos vamos de la jato paterna, pagamos cuentas, vamos cachando cómo es el mundo real, vamos de visita a la casa en que alguna vez vivimos, y entonces, miramos como iguales a nuestros padres.
En el fondo, vamos cachando sus trancas, sus miedos, sus defectos, entendemos sus enseñanzas, sus castigos hueones, sus palabras, sus gestos. Pero no da rabia como en la adolescencia, sino una tranquila aceptación que nuestros padres son hombres y mujeres como todos nomás.
Entonces ya dejamos de ser niños para ser personas grandes. Porque una no puede vivir eternamente enamorada del padre como si fuera una niña o esos hombres que piensan que su mamá es una santa, arrastrando el complejo de Edipo por siempre.
A raíz de algunas conversaciones y de mirarme un resto a mi misma es que llegué a esta conclusión. Pienso que es resano tener una relación de adulto a adulto con nuestros padres, o en mi caso, con mi madre (porque mi papá hace 11 años que se murió). Me gusta relacionarme así con mi mamá, porque tenemos otro tipo de conversación, yo la escucho sus relatos de niña, o cuando estuvo casada con mi papá, y de a poco voy comprendiendo y abuenándome con algunas etapas de mi desarrollo que me sentí incomprendida o castigada injustamente.
Gueas que pienso mientras crío.
Yao los vemos.
Lo obvio: llega la adolescencia y nuestra visión sobre ellos cambia. Pa' que los voy a latear sobre un tema que se ha escrito y se sigue escribiendo. A prosópito de la adolescencia, mi sobrina mostra (que hoy cumple 12 años) está entrando raudamente a la "edad del pavo", y puta que a veces hay que tenerle paciencia, se pone mega antipática, contraria a todo... insoportable. Yo la miro y pienso que a su edad fui igual y me encontraba simpática.
La cosa es que seguimos creciendo, estudiando, trabajando, enamorándonos y criticando a nuestros padres. Nos vamos de la jato paterna, pagamos cuentas, vamos cachando cómo es el mundo real, vamos de visita a la casa en que alguna vez vivimos, y entonces, miramos como iguales a nuestros padres.
En el fondo, vamos cachando sus trancas, sus miedos, sus defectos, entendemos sus enseñanzas, sus castigos hueones, sus palabras, sus gestos. Pero no da rabia como en la adolescencia, sino una tranquila aceptación que nuestros padres son hombres y mujeres como todos nomás.
Entonces ya dejamos de ser niños para ser personas grandes. Porque una no puede vivir eternamente enamorada del padre como si fuera una niña o esos hombres que piensan que su mamá es una santa, arrastrando el complejo de Edipo por siempre.
A raíz de algunas conversaciones y de mirarme un resto a mi misma es que llegué a esta conclusión. Pienso que es resano tener una relación de adulto a adulto con nuestros padres, o en mi caso, con mi madre (porque mi papá hace 11 años que se murió). Me gusta relacionarme así con mi mamá, porque tenemos otro tipo de conversación, yo la escucho sus relatos de niña, o cuando estuvo casada con mi papá, y de a poco voy comprendiendo y abuenándome con algunas etapas de mi desarrollo que me sentí incomprendida o castigada injustamente.
Gueas que pienso mientras crío.
Yao los vemos.
miércoles, enero 27, 2010
Crónicas Chuchetas CLV: Desiciones pelúas.
Si no escribo hace un rato ya es porque no tengo tiempo, la verdad. Me acuesto cansadísima, y los días se me pasan volando, porque el quehacer de madre es caleta. Incluso he adelgazado sin hacer nada de nada, al parecer es el traqueteo diario.
Pero lo que mantiene ocupada mi mente es otra cosa. Tengo que tomar una desición que cambiará harto mi vida. No tiene que ver con el Gato ni que nos separaremos ni nada de eso. De hecho, el Gato ni cacha, la única que sabe es mi hermana.
Siempre he sido jugada y aperrá, como que cierro los ojos y me tiro al vacío nomás. Ahora es algo parecido, pero está la chanchi y sus múltiples necesidades, aunque estoy segura que la necesidad de tener una madre feliz es la número uno.
En fin, estos días he estado pensando, tirando lápiz, preguntando. Hoy voy a tener una respuesta a otro asunto que me ayuda a tomar esta desición.
Les rejuro que cuando ya sepa lo que haré les contaré, que lata escribir en clave. Pero todos los que alguna vez tuvieron que decidir para hacer un cambio radical, saben lo duro que es.
Tengo que creerme más la raja y así todo saldrá bien.
Yao los vemos.
Pero lo que mantiene ocupada mi mente es otra cosa. Tengo que tomar una desición que cambiará harto mi vida. No tiene que ver con el Gato ni que nos separaremos ni nada de eso. De hecho, el Gato ni cacha, la única que sabe es mi hermana.
Siempre he sido jugada y aperrá, como que cierro los ojos y me tiro al vacío nomás. Ahora es algo parecido, pero está la chanchi y sus múltiples necesidades, aunque estoy segura que la necesidad de tener una madre feliz es la número uno.
En fin, estos días he estado pensando, tirando lápiz, preguntando. Hoy voy a tener una respuesta a otro asunto que me ayuda a tomar esta desición.
Les rejuro que cuando ya sepa lo que haré les contaré, que lata escribir en clave. Pero todos los que alguna vez tuvieron que decidir para hacer un cambio radical, saben lo duro que es.
Tengo que creerme más la raja y así todo saldrá bien.
Yao los vemos.
sábado, enero 16, 2010
Crónicas Chuchetas CLIV: El Compin.
O "Comisión Médica, Preventiva e Invalidez", cómo pueden leerlo acato.
He ido tupido y parejo, porque de la isapre me han rechazado todas las licencias. Gueno, en estricto rigo me aceptaron la primera, la segunda me autorizaron 6 días, y de ahí en adelante, puro rechazo. Y no me pregunten que onda de las licencias y cuando vuelvo a trabajar y quien cuidará a mi hermosa chanchi. Ya lo contaré.
A la única oficina del Compin que he ido es la que está en José Miguel Infante, cerca de ese hospital triste. No cacho si las demás serán igual o peores, porque mejores no creo.
La cosa es que a la entrada ya se cacha que desde 1976 (por ser generosa) que no se compra nada ni se pinta ni se hermosea como lugar de trabajo. Lo pior de todo es que la rampla que pusieron para la gente que va en silla de ruedas es entera empiná y peligrosa, porque yo la usé con el coche y chucha que me costó, me imagino a los discapacitados.
Todos los que hemos trabajado en empresas privadas cachan que la atención al cliente externo e interno (o sea los lolos y lolas que trabajan con una) es súper importante y bla bla. Gueno, acá les importa una soberana raja. Para todo hay que hacer cola, pero eso no es tanto problema, lo pior que no hay NADIE que te informe de NADA. La pulenta.
La primera licencia que me rechazaron jue antes de parir, es decir, la primera vez que jui a hacer el reclamo tenía la media guata. A la entrada está la cola de la pobre gente que usa Fonasa (siempre es larguísima) y más adentro, después de una rampla más decente de la afuera, está la ventanilla que corresponde a las isapres. Me puse a la cola - la gente, en general, se mete por la raja a las embarazadas- y un guardia bien atento me preguntó qué necesitaba. Le mostré el papel de la isapre con el reclamo y me pasó un papel que tenía que llenar, para después presentarlo en la ventanilla. Ahora que no estoy embarazada, tengo que hacer la cola para pedir el formulario famoso, y después que lo lleno, tengo que volver a hacer la cola para entregarlo. En serio.
Lotra vez estaba en la ventanilla mientras una lola me recibía este papel, y una tipa se paró al lado mío y le pidió un formulario. La mina no la pescó; siguió escribiendo y revisando mis datos. La lola le volvió a pedir el papel, y ella, como si nada. A la tercera vez le dijo: ¿no vez que estoy ocupada? Con tono de voz y cara de apestada. Yo me pregunto qué tanto le costaba dejar de escribir cinco segundos para pasarle el famoso formulario. La cosa es que la tipa le dijo que porqué no dejaban esos formularios afuera, que siempre había que hacer cola y la otra, ni se inmutó. Si yo trato así a algún cliente en mi pega, me echan cagando de una. En todo caso, jamás trataría a nadie así porque soy educada desde niña, para empezar.
Cuando yo voy, trato a estos gueones flojos terrible de bien: los saludo con una sonrisa, les doy las gracias, me despido. Porque ellos tienen una tiranía con las cagás de papeles, pa' que estamos con cosas. Hasta he llegado a pensar que si les caiste mal, metan tus papeles en una caja olvidada y cagaste te mandó saludos.
En el Compin se respira un aire de apestamiento, de gente lateada, con cara de rabia. Porque aparte que la cagá de isapre te sale cara (o porque vai a tener guagua o porque estai vieja), teni que ir a reclamar a donde te atienden como el poto, con la cara ídem, y nadie te da ninguna respuesta si no tienen ganas y si te gusta gueno o si no, anda a reclamar. Eso me indigna, frescos de raja, se van a paro los breas y a una la evalúan a cada rato en la pega.
Debo aclarar que esta "semblanza" es dirigida a la gente que trabaja en atención de público en el Compin, porque gracias a los reclamos que he hecho me han pagado todas las licencias (me cago de la risa de mi isapre, lero lero).
Da rabia ver a los empleados públicos tan frescos de raja y cómo utilizan su supuesto "poder" para ponerle la pata encima a la gente. No les cuesta nada ser amables, poner los formularios famosos al alcance de cualquiera y responder las preguntas que una le hace, si mal que mal, nosotros les pagamos el sueldo.
Como dice la canción de Sinergia: si usted sabe lo que tiene que hacer, entonces hazlo bien poh gueón oh!
Yao los vemos.
He ido tupido y parejo, porque de la isapre me han rechazado todas las licencias. Gueno, en estricto rigo me aceptaron la primera, la segunda me autorizaron 6 días, y de ahí en adelante, puro rechazo. Y no me pregunten que onda de las licencias y cuando vuelvo a trabajar y quien cuidará a mi hermosa chanchi. Ya lo contaré.
A la única oficina del Compin que he ido es la que está en José Miguel Infante, cerca de ese hospital triste. No cacho si las demás serán igual o peores, porque mejores no creo.
La cosa es que a la entrada ya se cacha que desde 1976 (por ser generosa) que no se compra nada ni se pinta ni se hermosea como lugar de trabajo. Lo pior de todo es que la rampla que pusieron para la gente que va en silla de ruedas es entera empiná y peligrosa, porque yo la usé con el coche y chucha que me costó, me imagino a los discapacitados.
Todos los que hemos trabajado en empresas privadas cachan que la atención al cliente externo e interno (o sea los lolos y lolas que trabajan con una) es súper importante y bla bla. Gueno, acá les importa una soberana raja. Para todo hay que hacer cola, pero eso no es tanto problema, lo pior que no hay NADIE que te informe de NADA. La pulenta.
La primera licencia que me rechazaron jue antes de parir, es decir, la primera vez que jui a hacer el reclamo tenía la media guata. A la entrada está la cola de la pobre gente que usa Fonasa (siempre es larguísima) y más adentro, después de una rampla más decente de la afuera, está la ventanilla que corresponde a las isapres. Me puse a la cola - la gente, en general, se mete por la raja a las embarazadas- y un guardia bien atento me preguntó qué necesitaba. Le mostré el papel de la isapre con el reclamo y me pasó un papel que tenía que llenar, para después presentarlo en la ventanilla. Ahora que no estoy embarazada, tengo que hacer la cola para pedir el formulario famoso, y después que lo lleno, tengo que volver a hacer la cola para entregarlo. En serio.
Lotra vez estaba en la ventanilla mientras una lola me recibía este papel, y una tipa se paró al lado mío y le pidió un formulario. La mina no la pescó; siguió escribiendo y revisando mis datos. La lola le volvió a pedir el papel, y ella, como si nada. A la tercera vez le dijo: ¿no vez que estoy ocupada? Con tono de voz y cara de apestada. Yo me pregunto qué tanto le costaba dejar de escribir cinco segundos para pasarle el famoso formulario. La cosa es que la tipa le dijo que porqué no dejaban esos formularios afuera, que siempre había que hacer cola y la otra, ni se inmutó. Si yo trato así a algún cliente en mi pega, me echan cagando de una. En todo caso, jamás trataría a nadie así porque soy educada desde niña, para empezar.
Cuando yo voy, trato a estos gueones flojos terrible de bien: los saludo con una sonrisa, les doy las gracias, me despido. Porque ellos tienen una tiranía con las cagás de papeles, pa' que estamos con cosas. Hasta he llegado a pensar que si les caiste mal, metan tus papeles en una caja olvidada y cagaste te mandó saludos.
En el Compin se respira un aire de apestamiento, de gente lateada, con cara de rabia. Porque aparte que la cagá de isapre te sale cara (o porque vai a tener guagua o porque estai vieja), teni que ir a reclamar a donde te atienden como el poto, con la cara ídem, y nadie te da ninguna respuesta si no tienen ganas y si te gusta gueno o si no, anda a reclamar. Eso me indigna, frescos de raja, se van a paro los breas y a una la evalúan a cada rato en la pega.
Debo aclarar que esta "semblanza" es dirigida a la gente que trabaja en atención de público en el Compin, porque gracias a los reclamos que he hecho me han pagado todas las licencias (me cago de la risa de mi isapre, lero lero).
Da rabia ver a los empleados públicos tan frescos de raja y cómo utilizan su supuesto "poder" para ponerle la pata encima a la gente. No les cuesta nada ser amables, poner los formularios famosos al alcance de cualquiera y responder las preguntas que una le hace, si mal que mal, nosotros les pagamos el sueldo.
Como dice la canción de Sinergia: si usted sabe lo que tiene que hacer, entonces hazlo bien poh gueón oh!
Yao los vemos.
viernes, enero 15, 2010
Crónicas Chuchetas CLIII: Pa' la plaza Uruguay en las tardes.
La chanchi se me aburre caleta en la jato (casa pa' los no vivos). Es que desde que las tardes se pusieron ricas, salíamos a caminar; debe haber tenido cerca del mes. Así bajé de peso su resto, y además me servía de paseo porque estaba encerrada todo el día, porque igual hace ofri en agosto.
La cosa es que se acostumbró a patiperrear y cuando llora y reclama y le doy teta, la hago jugar y nada la calla, es que está aburrida y quiere salir. Entera patiperra.
Claro que ahora no camino 1 hora como antes, porque hace más calor que la chuchetumare. Entonces vamos pa' la plaza Uruguay, que nos queda cerca de la jato.
Esta plaza es bacán, porque tiene unos árboles gigantes, juegos para niños y no pasan casi nada de autos. Siempre está lleno de brocas jugando, andando en bici, niñas con sus coches y las nanas que los acompañan. Lo que hacemos nosotras es tirarnos en el pasto, pero con un chal. Tengo uno especial para el efecto (el típico de picnic), además le llevo unos tres juguetes (sus favoritos, obvio), una muda de ropa (nunca se sabe), dos pañales (entera cagona) y el libro que esté leyendo.
Llegamos, saco el chal, tiro a la guatona de espalda, y listo. Todo es placer para ella. Se pone a hablar en su idioma guaguno y a mi me da lata no llevar el computador para escribir allá, porque es la raja estar en el pasto, sintiendo el viento fresco, escuchando las risas de niños mientras juegan... es lo máximo para mi también.
Así es como me ha cambiado la vida. Aparte que no puedo tomar, ni comer ají ni varias custiones más - como los exquisitos porotos granados- por la cosa del amamantamiento. Mis días son iguales en lo que a rutina se refiere, y mi vida es tranquila y plácida. Y no hay nada mejor que esto, que ser mamá, que ir a la plaza Uruguay para que se entretenga mi chanchi, verla reírse, verla hacer distintas cosas día a día. Es la raja ser mamá.
Yao los vemos.
La cosa es que se acostumbró a patiperrear y cuando llora y reclama y le doy teta, la hago jugar y nada la calla, es que está aburrida y quiere salir. Entera patiperra.
Claro que ahora no camino 1 hora como antes, porque hace más calor que la chuchetumare. Entonces vamos pa' la plaza Uruguay, que nos queda cerca de la jato.
Esta plaza es bacán, porque tiene unos árboles gigantes, juegos para niños y no pasan casi nada de autos. Siempre está lleno de brocas jugando, andando en bici, niñas con sus coches y las nanas que los acompañan. Lo que hacemos nosotras es tirarnos en el pasto, pero con un chal. Tengo uno especial para el efecto (el típico de picnic), además le llevo unos tres juguetes (sus favoritos, obvio), una muda de ropa (nunca se sabe), dos pañales (entera cagona) y el libro que esté leyendo.
Llegamos, saco el chal, tiro a la guatona de espalda, y listo. Todo es placer para ella. Se pone a hablar en su idioma guaguno y a mi me da lata no llevar el computador para escribir allá, porque es la raja estar en el pasto, sintiendo el viento fresco, escuchando las risas de niños mientras juegan... es lo máximo para mi también.
Así es como me ha cambiado la vida. Aparte que no puedo tomar, ni comer ají ni varias custiones más - como los exquisitos porotos granados- por la cosa del amamantamiento. Mis días son iguales en lo que a rutina se refiere, y mi vida es tranquila y plácida. Y no hay nada mejor que esto, que ser mamá, que ir a la plaza Uruguay para que se entretenga mi chanchi, verla reírse, verla hacer distintas cosas día a día. Es la raja ser mamá.
Yao los vemos.
miércoles, enero 13, 2010
Crónicas Chuchetas CLII: Con la pechuga ajuera.
Ahora les voy a contar sobre dar pecho. O dar teta, como todo el mundo le dice.
Me acuerdo (como si fuera hace mucho tiempo) que la primera vez que me pusieron a la chanchi pa' que mamara -recién nacida, porsupoto-, me dolió más que la chuchetumare. Y me dolió caleta por una semana, más o menos. Ahora ni la siento.
Como soy entera obediente de los dostores, enfermeras, matronas y todo aquel que sepa de verdá (no consejos de toda la gente que ni pesco), compramos arturo una crema pa' los pezones, la que me echaba a cada rato, cada vez que le daba tetita a mi hermosa niña. Así es que lo único que sufrí por dar pecho jue el dolor del principio.
Y una anda todo el día con las pechugas ajuera, al principio. Por lo menos a mi me pasó así, ya que mi cerdita tomaba todo el día, porque obviamente no tenía suficiente leche y su estógamo era entero enano y, además, se cansan succionando. Pero después de la teta le daba relleno y quedaba flor. Gueno, ni tanto. Haciendo memoria, creo que tomaba cada una hora, o cada dos. Hasta que le suspendieron el relleno (que apenas tomaba) porque quedaba lista pa' la foto con pura teta. Y de hecho es entera guatonita por lo mesmo.
Entonces, como daba pecho todo el día, y además no soy muy pudorosa, llego y me saco la teta en cualquier lugar para amamantarla. Porque cuando tiene hambre, queda la cagá. Si cacho que está aburrida la gueveo un rato y se le pasa, pero si tiene hambre, tiene que comer de una.
Lo que pasa es que las pechugas de una pasan de ser un objeto erótico a ser comida. Así lo siento. Porque en esta etapa de la chanchi yo ando con pura ropa cómoda y sin tacos, con el pelo amarrado, entonces pensar en verme de alguna manera que no sea práctica para hacer todo lo que hago con ella es imposible.
Tampoco soy muy complicá pa' salir con ella, agarro mi cartera gigante (que me trajo el Gato de Sao Paulo, porque me cargan esos bolsos ñoños pa' ponerle las gueas a las guaguas), le pongo los pañales, el hipogló, toallas húmedas, una muda de ropa, babero y listo, porque lo megapulento de dar teta es que andai con la comida lista, na de complicaciones. De hecho, le he dado pecho a la chanchi en la calle caminando (justo antes de llegar a la casa después de un paseo en coche se pone hambriá); sentada en la vereda, entre dos autos (porque no había un lugar para sentarme); en las plazas y parques; en el patio de comida del Parque Arauco (y ya había ido al lugar que tienen especial para amamantar); arriba del auto (ella se queda sentada en su sillita y yo me estiro); y así, suma y sigue. No falta el depravado que me mira, pero yo ni ahí con los pelutúos.
Me gusta dar teta, me gusta hacerle cariñito en el pelo a mi cerdita, o acariciarle el brazo (porque lo estira cuando mama), hablarle, mirarla a los ojitos. Espero darle por mucho tiempo más, porque además la calma y la hace dormir. Yo le puse la "tetadicta", porque es seca!
Es la raja ser mamá, a pesar de las preocupaciones que vienen de la mano. Hasta veo a mi otra hija (o hijo) al lado de mi chanchi, durmiendo al medio de nuestra cama.
Las que son mamás, y los que son papás, cachan la movía.
Yao los vemos.
Me acuerdo (como si fuera hace mucho tiempo) que la primera vez que me pusieron a la chanchi pa' que mamara -recién nacida, porsupoto-, me dolió más que la chuchetumare. Y me dolió caleta por una semana, más o menos. Ahora ni la siento.
Como soy entera obediente de los dostores, enfermeras, matronas y todo aquel que sepa de verdá (no consejos de toda la gente que ni pesco), compramos arturo una crema pa' los pezones, la que me echaba a cada rato, cada vez que le daba tetita a mi hermosa niña. Así es que lo único que sufrí por dar pecho jue el dolor del principio.
Y una anda todo el día con las pechugas ajuera, al principio. Por lo menos a mi me pasó así, ya que mi cerdita tomaba todo el día, porque obviamente no tenía suficiente leche y su estógamo era entero enano y, además, se cansan succionando. Pero después de la teta le daba relleno y quedaba flor. Gueno, ni tanto. Haciendo memoria, creo que tomaba cada una hora, o cada dos. Hasta que le suspendieron el relleno (que apenas tomaba) porque quedaba lista pa' la foto con pura teta. Y de hecho es entera guatonita por lo mesmo.
Entonces, como daba pecho todo el día, y además no soy muy pudorosa, llego y me saco la teta en cualquier lugar para amamantarla. Porque cuando tiene hambre, queda la cagá. Si cacho que está aburrida la gueveo un rato y se le pasa, pero si tiene hambre, tiene que comer de una.
Lo que pasa es que las pechugas de una pasan de ser un objeto erótico a ser comida. Así lo siento. Porque en esta etapa de la chanchi yo ando con pura ropa cómoda y sin tacos, con el pelo amarrado, entonces pensar en verme de alguna manera que no sea práctica para hacer todo lo que hago con ella es imposible.
Tampoco soy muy complicá pa' salir con ella, agarro mi cartera gigante (que me trajo el Gato de Sao Paulo, porque me cargan esos bolsos ñoños pa' ponerle las gueas a las guaguas), le pongo los pañales, el hipogló, toallas húmedas, una muda de ropa, babero y listo, porque lo megapulento de dar teta es que andai con la comida lista, na de complicaciones. De hecho, le he dado pecho a la chanchi en la calle caminando (justo antes de llegar a la casa después de un paseo en coche se pone hambriá); sentada en la vereda, entre dos autos (porque no había un lugar para sentarme); en las plazas y parques; en el patio de comida del Parque Arauco (y ya había ido al lugar que tienen especial para amamantar); arriba del auto (ella se queda sentada en su sillita y yo me estiro); y así, suma y sigue. No falta el depravado que me mira, pero yo ni ahí con los pelutúos.
Me gusta dar teta, me gusta hacerle cariñito en el pelo a mi cerdita, o acariciarle el brazo (porque lo estira cuando mama), hablarle, mirarla a los ojitos. Espero darle por mucho tiempo más, porque además la calma y la hace dormir. Yo le puse la "tetadicta", porque es seca!
Es la raja ser mamá, a pesar de las preocupaciones que vienen de la mano. Hasta veo a mi otra hija (o hijo) al lado de mi chanchi, durmiendo al medio de nuestra cama.
Las que son mamás, y los que son papás, cachan la movía.
Yao los vemos.
sábado, enero 09, 2010
Crónicas Chuchetas CLI: La vez que se nos apagó la tele.
Esta "anécdota" nunca la he contado, porque la verdad es bastante vergonzosa. Pero como ahora es verano y dan puras gueas en la tele y en las noticias puro hablan de lugares de vacaciones, me dije a mi misma que, para que se caguen de la risa, la haré pública ahora, además que igual ha pasado su rato.
Estoy casi 100% segura que fue para el primer aniversario de The Yeguas. Obviamente, partimos pa' La Piojera, cada uno por su lado eso sí. En aquel tiempo con el Gato teníamos cero obligación -sólo alimentar a Jacinto y Pulgoso-, por lo mesmo ese sábado nos levantamos tarde y nos hicimos unos completos como almuerzo.
Llegamos primeros, parece. La cosa es que pedimos un jarro de terremoto y mientras llegaban las demás lo tomamos. Pal que cacha La Piojera, estábamos en una mesa al fondo, mirando desde la barra. Como siempre, se llenó el lugar y pura gente malita pal gueveo. Cerca nuestro habían unos lolitos con unos tambores y tocaban música, pero no me acuerdo que tocaban. Lo típico que pasa en La Piojera es que cuando hay un grupo gueno pal gueveo, toda la demás gente agarra papa. Y entre los lolitos que tocaban música, la mayoría cantando y riéndose de puras gueas (la mayor parte bastante curao), apareció la "Echatira" (en vez de Shakira, pa' los no vivos), una lolita terrible de rollúa, que baila al son de los tambores. Suena bonito lo último, pero la loca estaba entera cocía y le ponía las tetas en la cabeza a los hombres, al son de los tambores, obvio. Y como estaba tan reborracha, cuando se cansaba, se sentaba con la cabeza y los brazos hacia abajo. Bastaba que nosotros nos pusiéramos a aplaudir y a decir: ¡¡¡he, he, he, he!!! y la lolita se ponía de pie -apenas- y seguía bailando. Terrible de jugosa.
Pa'l que no cacha, La Piojera cierra temprano, tipo 11 de la noche. O capaz que haya cambiado, porque hace tiempo que no voy. Desde esta vez que se nos apagó la tele. Tienen que haber sido tipo 9 de la noche cuando con el Gato estábamos enteros borrachos, de tanto tomar Terremoto. Hasta el día de hoy no nos acordamos ni cuánto tomamos, ni a que hora quedamos raja. La cosa es que un rato se me perdió el Gato, entonces miro pa' tras (hacia la barra) y lo veo abrazado con un loquito, chupando y conversando. Una explicación ahora del Gato: es entero gruñón, jamás abraza a nadie y menos a un lolito que no cacha. Entre lo que recuerdo, es que decidimos irnos a la casa de mi hermana.
Tomamos el metro, pero antes, el Gato echó la corta cerca de La Piojera, cosa que recuerda apenas (lo pior es que pasa reclamando por los gueones chanchos que lo hacen). Según me contaron -algo recuerdo- es que en el metro yo le iba reclamando al Gato el porqué conversaba con el loquito aquel, si acaso era importante o si acaso trabajaba en Codelco. Esto último se lo dije por la pega del Gato, que le venden gueas al sueldo de Chile. Y de curá, también.
Mi hermana vivía lejos del metro, entonces de éste tomamos taxis pa su jato. Y como éramos caleta, nos dividimos. Al pobre flaco lo dejaron a cargo mío y del Gato, y como no se ubicaba bien donde vivía mi hermana, se bajó antes. La Yegua Viciosa lo llamó al celular porque nos demorábamos mucho en llegar, y el flaco le dijo que apenas podía con nosotros, porque ya estábamos mega raja, incluso yo guitrié en la calle. Según el flaco parecía doko (esa comida de perro), pero eran los completos del almuerzo.
De la casa de mi hermana algo recuerdo. Lo que sí nos contaron es que el Gato se ponía mega porfiado y no se quería ni subir al ascensor ni después bajarse. Mi sobrina mostra, que era más chica, quedó media impactada al vernos, porque parecíamos zombies. Dormimos en la cama de mi hermana y del Mono.
Al lotro día, el Gato se despierta y me dice: Amor, ¿dormimos dónde tu hermana? No se acordaba de NADA. Yo me quería puro morir, me sentía pésimo, la peor caña que recuerde. El Gato se creía la raja porque según él no había gomitado nada, pero se cachó el pantalón con guitriao y después nos contaron que gomitó el velador de mi hermana.
Nos fuimos pa la jato porque iba mi suegra a almorzar, y la idea era tomar un taxi, pero estaban todos los cajeros automáticos malos. Obligados a tomar cromi, yo sintiéndome cada vez peor, subían esas viejas hediondas a perfumes dulces (más mal me sentía) hasta que no aguanté más y en plaza Italia nos bajámos. Tan, pero tan mal me sentía, que me puse a llorar. Sacamos moneas, tomamos un taxi y en la jato nos mandamos el milagroso viadil compuesto.
Releyendo caché que no me quedó para nada divertido, pero gueno, el humor no es mi fuerte. Guea que nos imaginen enteros jugosos, borrachos y sin cachar nada. Nos sacaron fotos, y la carita te la encargo.
Yao los vemos.
Estoy casi 100% segura que fue para el primer aniversario de The Yeguas. Obviamente, partimos pa' La Piojera, cada uno por su lado eso sí. En aquel tiempo con el Gato teníamos cero obligación -sólo alimentar a Jacinto y Pulgoso-, por lo mesmo ese sábado nos levantamos tarde y nos hicimos unos completos como almuerzo.
Llegamos primeros, parece. La cosa es que pedimos un jarro de terremoto y mientras llegaban las demás lo tomamos. Pal que cacha La Piojera, estábamos en una mesa al fondo, mirando desde la barra. Como siempre, se llenó el lugar y pura gente malita pal gueveo. Cerca nuestro habían unos lolitos con unos tambores y tocaban música, pero no me acuerdo que tocaban. Lo típico que pasa en La Piojera es que cuando hay un grupo gueno pal gueveo, toda la demás gente agarra papa. Y entre los lolitos que tocaban música, la mayoría cantando y riéndose de puras gueas (la mayor parte bastante curao), apareció la "Echatira" (en vez de Shakira, pa' los no vivos), una lolita terrible de rollúa, que baila al son de los tambores. Suena bonito lo último, pero la loca estaba entera cocía y le ponía las tetas en la cabeza a los hombres, al son de los tambores, obvio. Y como estaba tan reborracha, cuando se cansaba, se sentaba con la cabeza y los brazos hacia abajo. Bastaba que nosotros nos pusiéramos a aplaudir y a decir: ¡¡¡he, he, he, he!!! y la lolita se ponía de pie -apenas- y seguía bailando. Terrible de jugosa.
Pa'l que no cacha, La Piojera cierra temprano, tipo 11 de la noche. O capaz que haya cambiado, porque hace tiempo que no voy. Desde esta vez que se nos apagó la tele. Tienen que haber sido tipo 9 de la noche cuando con el Gato estábamos enteros borrachos, de tanto tomar Terremoto. Hasta el día de hoy no nos acordamos ni cuánto tomamos, ni a que hora quedamos raja. La cosa es que un rato se me perdió el Gato, entonces miro pa' tras (hacia la barra) y lo veo abrazado con un loquito, chupando y conversando. Una explicación ahora del Gato: es entero gruñón, jamás abraza a nadie y menos a un lolito que no cacha. Entre lo que recuerdo, es que decidimos irnos a la casa de mi hermana.
Tomamos el metro, pero antes, el Gato echó la corta cerca de La Piojera, cosa que recuerda apenas (lo pior es que pasa reclamando por los gueones chanchos que lo hacen). Según me contaron -algo recuerdo- es que en el metro yo le iba reclamando al Gato el porqué conversaba con el loquito aquel, si acaso era importante o si acaso trabajaba en Codelco. Esto último se lo dije por la pega del Gato, que le venden gueas al sueldo de Chile. Y de curá, también.
Mi hermana vivía lejos del metro, entonces de éste tomamos taxis pa su jato. Y como éramos caleta, nos dividimos. Al pobre flaco lo dejaron a cargo mío y del Gato, y como no se ubicaba bien donde vivía mi hermana, se bajó antes. La Yegua Viciosa lo llamó al celular porque nos demorábamos mucho en llegar, y el flaco le dijo que apenas podía con nosotros, porque ya estábamos mega raja, incluso yo guitrié en la calle. Según el flaco parecía doko (esa comida de perro), pero eran los completos del almuerzo.
De la casa de mi hermana algo recuerdo. Lo que sí nos contaron es que el Gato se ponía mega porfiado y no se quería ni subir al ascensor ni después bajarse. Mi sobrina mostra, que era más chica, quedó media impactada al vernos, porque parecíamos zombies. Dormimos en la cama de mi hermana y del Mono.
Al lotro día, el Gato se despierta y me dice: Amor, ¿dormimos dónde tu hermana? No se acordaba de NADA. Yo me quería puro morir, me sentía pésimo, la peor caña que recuerde. El Gato se creía la raja porque según él no había gomitado nada, pero se cachó el pantalón con guitriao y después nos contaron que gomitó el velador de mi hermana.
Nos fuimos pa la jato porque iba mi suegra a almorzar, y la idea era tomar un taxi, pero estaban todos los cajeros automáticos malos. Obligados a tomar cromi, yo sintiéndome cada vez peor, subían esas viejas hediondas a perfumes dulces (más mal me sentía) hasta que no aguanté más y en plaza Italia nos bajámos. Tan, pero tan mal me sentía, que me puse a llorar. Sacamos moneas, tomamos un taxi y en la jato nos mandamos el milagroso viadil compuesto.
Releyendo caché que no me quedó para nada divertido, pero gueno, el humor no es mi fuerte. Guea que nos imaginen enteros jugosos, borrachos y sin cachar nada. Nos sacaron fotos, y la carita te la encargo.
Yao los vemos.
viernes, enero 01, 2010
Crónicas Chuchetas CL: Hay que sacrificarse por los hijos.
Mi suegro siempre lo repite. Yo lo escucho en silencio, hasta que le encontré razón.
Claro que no es un sacrificio-sacrificio. Porque una lo hace por amor.
Y mi año empezó terrible de sacrificá, pero comienzo del principio. Habíamos decidido con el Gato pasar el año nuevo solos, con la chanchi durmiendo.
Porque de carretes y el gueveo ya no estamos, o más que eso, una anda en otra con la crianza, que me encanta. Además ya he carreteado caleta y ahora es tiempo de ser mamá, opción que yo escogí, la chanchi no me pidió venir al mundo tampoco. En fin, partimos el miércoles al súper a comprar puras custiones ricas para comer: camarones, gueas pa' picar, champaña pituca, entre otras cosas. Nuestra idea era arreglarnos, poner velas (compré unas preciosas) y cenar juntos en la terraza. Ese era el plan. La cosa es que el jueves -ayer- amanecí con el pulento dolor de guata, me dio la tonta colitis y después de ducharme, gomité. En resumen: me sentía como el copi. Venía mi suegro a almorzar, asi es que el Gato tuvo que hacerse cargo de todo y yo me acosté a dormir con la chanchi, sintiéndome pésimo.
Me levanté a ver como almorzaban y entregar los regalos (pa' la navidá al Gato le dio amigdalitis aguda y estuvo con fiebre, por lo que tuvimos que suspender cualquier visita post navideña), lo gueno es que se fueron temprano por el año nuevo, obviamente. Creo que comí con raja tres galletas de soda y una sopa de pollo que me hizo el Gato. Me acosté temprano, porque me sentía débil, tenía la guata hinchá (parecía preñá de 5 meses) y con cero ánimo. Me puse a ver puras gueas en la tele: el programa grabado del pikle morandé, al juan antollo labra cantando en la torre Entel. Cerca de las doce el Gato les cortó las garras a la chancha (se las lima también, queda entera pulenta), me puse un chaleco, sacamos las velas a la terraza, y nos dimos el abrazo. Donde vivo es entero piola, no se escuchaba a nadie, sólo fuegos artificiales desde lejos.
Tipín 1:30 me dormí. También vimos los fuegos de Valparaíso en la tele, mientras mi hermana me llamaba desde allá, feliz de la vida.
Por suerte hoy amanecí su resto mejor de la guata, asi es que las cosas ricas que compramos las vamos a dejar para el próximo finde yo cacho, onda una cena especial para los dos, cómo lo teníamos planeado.
Y aunque no hubiera estado enferma, me gusta estos sacrificios que hago por mi hija. De hecho, mientras muchos de ustedes están comenzando a pensar dónde ir a carretar, yo estoy acostada que rato, dando pecho, navegando en internet, leyendo. Y la pulenta que me gusta esto, de estar los tres solitos en familia, con nuestra rutina, cantándole a nuestra hija, bailándole y maravillándonos con cada cosa pequeña que aprende cada día.
Y si algo tengo que pedir para este año que comienza, es salud y felicidad para mi hija, nada más. Y para los hijos de todo el mundo, hasta de los que me caen mal.
Yao los vemos.
Claro que no es un sacrificio-sacrificio. Porque una lo hace por amor.
Y mi año empezó terrible de sacrificá, pero comienzo del principio. Habíamos decidido con el Gato pasar el año nuevo solos, con la chanchi durmiendo.
Porque de carretes y el gueveo ya no estamos, o más que eso, una anda en otra con la crianza, que me encanta. Además ya he carreteado caleta y ahora es tiempo de ser mamá, opción que yo escogí, la chanchi no me pidió venir al mundo tampoco. En fin, partimos el miércoles al súper a comprar puras custiones ricas para comer: camarones, gueas pa' picar, champaña pituca, entre otras cosas. Nuestra idea era arreglarnos, poner velas (compré unas preciosas) y cenar juntos en la terraza. Ese era el plan. La cosa es que el jueves -ayer- amanecí con el pulento dolor de guata, me dio la tonta colitis y después de ducharme, gomité. En resumen: me sentía como el copi. Venía mi suegro a almorzar, asi es que el Gato tuvo que hacerse cargo de todo y yo me acosté a dormir con la chanchi, sintiéndome pésimo.Me levanté a ver como almorzaban y entregar los regalos (pa' la navidá al Gato le dio amigdalitis aguda y estuvo con fiebre, por lo que tuvimos que suspender cualquier visita post navideña), lo gueno es que se fueron temprano por el año nuevo, obviamente. Creo que comí con raja tres galletas de soda y una sopa de pollo que me hizo el Gato. Me acosté temprano, porque me sentía débil, tenía la guata hinchá (parecía preñá de 5 meses) y con cero ánimo. Me puse a ver puras gueas en la tele: el programa grabado del pikle morandé, al juan antollo labra cantando en la torre Entel. Cerca de las doce el Gato les cortó las garras a la chancha (se las lima también, queda entera pulenta), me puse un chaleco, sacamos las velas a la terraza, y nos dimos el abrazo. Donde vivo es entero piola, no se escuchaba a nadie, sólo fuegos artificiales desde lejos.
Tipín 1:30 me dormí. También vimos los fuegos de Valparaíso en la tele, mientras mi hermana me llamaba desde allá, feliz de la vida.
Por suerte hoy amanecí su resto mejor de la guata, asi es que las cosas ricas que compramos las vamos a dejar para el próximo finde yo cacho, onda una cena especial para los dos, cómo lo teníamos planeado.
Y aunque no hubiera estado enferma, me gusta estos sacrificios que hago por mi hija. De hecho, mientras muchos de ustedes están comenzando a pensar dónde ir a carretar, yo estoy acostada que rato, dando pecho, navegando en internet, leyendo. Y la pulenta que me gusta esto, de estar los tres solitos en familia, con nuestra rutina, cantándole a nuestra hija, bailándole y maravillándonos con cada cosa pequeña que aprende cada día.
Y si algo tengo que pedir para este año que comienza, es salud y felicidad para mi hija, nada más. Y para los hijos de todo el mundo, hasta de los que me caen mal.
Yao los vemos.
miércoles, diciembre 23, 2009
Crónicas Chuchetas CXLIX: Mi primera navidad.
El primer recuerdo que tengo de la navidad debo haber tenido unos 4 años. Mis papás nos acostaban temprano el 24, asi es que veíamos los regalos tempranísmo el 25. Recuerdo que caminé hacia el living y veo el sol entrando por los ventanales y lleeeenooo de regalos: una piscina inflada, pelotas esas de playa grandes y ese típico olor a plástico que algunos recordarán.
Y el otro día, viendo videos familiares con mi mamá, mi hermana y mi sobrina mostra (estuvimos toda la tarde en eso) recordé cómo eran las navidades en mi adolescencia. Lo que pasa es que mi papá ponía un trípode con la cámara enfocando hacia el living, entonces, cuando abríamos los regalos y llegaba gente a saludarnos, todo se filmaba sin pausa. Un resto latero para el resto, pero para mi familia grandes recuerdos.
Se me viene a la mente el calor, todas las ventanas abiertas y la música a todo chancho en la cocina y en la sala de estar, mi mamá terminando de preparar la cena y mi papá se encargaba de adornar la mesa, y nosotros tres dando vueltas, ayudando en diferentes cosas. Y después abríamos los regalos y nos probábamos la ropa, nos besábamos al entregarnos los regalos, mi mamá gritaba cuando algo le gustaba mucho (le ponía cualquier color), mi papá contento con sus lápices y nosotras empelotándonos en vivo y en diresto. Una navidad yo estaba entera guatona y con el pelo horrendo, la otra flaca y con el pelo decente; mi hermana entera pendeja y después preñá, mi hermano todo mino y buen hijo.
Después que mi papá se murió y vino el rearme de cada uno y de la familia, las navidades han sido distintas. Volcadas a los niños (mi sobrina mostra y mi sobrino mostro) y con gente entrando y saliendo de la familia. Pero ahora es mi primera navidad como madre, y es la raja.
De hecho con el Gato no pescábamos mucho la decoración navideña, aunque igual armábamos un árbol entero piola y listo. Pero este año el Gato se embaló y compró un pulento árbol de 1.80 (costó entero barato porque lo vimos en una megaliquidación), adornos, velas y un saludo pa' la puerta. La chanchita mira el árbol cuando lo encendemos (le gustan los colores en movimiento) y le envolvimos unos vestidos hermosos nomás, total, todavía no cacha na.
Esta es mi primera navidad como madre y el sentido que siento que tiene es que a través de los regalos podemos decirle a la otra persona que la queremos y que nos preocupamos por ella, si escogimos un regalo que a esa persona le guste mucho, sea un perfume caro o una foto llena de sentimientos.
Me gusta la navidad porque la siento familiar, un motivo de encontrarse, comer rico, darse besos, entregarse un presente buscado con ahínco, mirar la cara de los niños que se ponen nerviosos por el Viejito Pascuero, hacer familia.
Por esto mesmo les deseo a todos que pasen una hermosa navidad en familia, que reciban harto amor y buenas vibras, porque no hay nada en el mundo para sentirse la raja, que saberse amado.
Yao los vemos.
Y el otro día, viendo videos familiares con mi mamá, mi hermana y mi sobrina mostra (estuvimos toda la tarde en eso) recordé cómo eran las navidades en mi adolescencia. Lo que pasa es que mi papá ponía un trípode con la cámara enfocando hacia el living, entonces, cuando abríamos los regalos y llegaba gente a saludarnos, todo se filmaba sin pausa. Un resto latero para el resto, pero para mi familia grandes recuerdos.
Se me viene a la mente el calor, todas las ventanas abiertas y la música a todo chancho en la cocina y en la sala de estar, mi mamá terminando de preparar la cena y mi papá se encargaba de adornar la mesa, y nosotros tres dando vueltas, ayudando en diferentes cosas. Y después abríamos los regalos y nos probábamos la ropa, nos besábamos al entregarnos los regalos, mi mamá gritaba cuando algo le gustaba mucho (le ponía cualquier color), mi papá contento con sus lápices y nosotras empelotándonos en vivo y en diresto. Una navidad yo estaba entera guatona y con el pelo horrendo, la otra flaca y con el pelo decente; mi hermana entera pendeja y después preñá, mi hermano todo mino y buen hijo.
Después que mi papá se murió y vino el rearme de cada uno y de la familia, las navidades han sido distintas. Volcadas a los niños (mi sobrina mostra y mi sobrino mostro) y con gente entrando y saliendo de la familia. Pero ahora es mi primera navidad como madre, y es la raja.
De hecho con el Gato no pescábamos mucho la decoración navideña, aunque igual armábamos un árbol entero piola y listo. Pero este año el Gato se embaló y compró un pulento árbol de 1.80 (costó entero barato porque lo vimos en una megaliquidación), adornos, velas y un saludo pa' la puerta. La chanchita mira el árbol cuando lo encendemos (le gustan los colores en movimiento) y le envolvimos unos vestidos hermosos nomás, total, todavía no cacha na.
Esta es mi primera navidad como madre y el sentido que siento que tiene es que a través de los regalos podemos decirle a la otra persona que la queremos y que nos preocupamos por ella, si escogimos un regalo que a esa persona le guste mucho, sea un perfume caro o una foto llena de sentimientos.
Me gusta la navidad porque la siento familiar, un motivo de encontrarse, comer rico, darse besos, entregarse un presente buscado con ahínco, mirar la cara de los niños que se ponen nerviosos por el Viejito Pascuero, hacer familia.
Por esto mesmo les deseo a todos que pasen una hermosa navidad en familia, que reciban harto amor y buenas vibras, porque no hay nada en el mundo para sentirse la raja, que saberse amado.
Yao los vemos.
martes, diciembre 15, 2009
Crónicas Chuchetas CXLVIII: Como va mi cerderismo.
Cuando una queda preñá y es guena pal diente, engorda caleta. Así como yo. Por si no se acuerdan el post que escribí sobre lo guatona que estaba, lo pueden volver a leer acato.
Ya ha pasado más de un mes. Y por primera vez en mi vida, he adelgazado sin esfuerzo ni dietas. Esa onda.
Claro que no estoy desnutría ni mina ni nada. Pero desde el post aquel que les contaba cómo estaba de guatona hasta ahora, hartos kilos he perdido. Lo que pasa es que no me he pesado, porque me pasa que si lo hago y cacho que los kilos son caleta, como que me deprimo y como más. Entonces cacho por la ropa nomás.
Por ejemplo unos jeans que se me salían como chorromil rollos y apenas me cabían, ahora que quedan bien. Lotro día me compré unos tolonpas talla 44 y me quedaron la raja. Obvio que lo ideal para mí será llegar a usar la talla 42, pero paciencia nomás.
Lo que no me ha bajado ha sido la guata. Es que la tengo rara. Me quedó así después del parto, una guata que desconozco. Pero como mi cerdita tiene 4 meses nomás, me consuelo. Porque si tuviera un año y yo tuviera esta guata, me deprimiría.
¿Y cómo lo ha hecho? Se preguntarán ustedes. Les cuento: en la comida trato de no cerdear. Si voy al supermercado, compramos lo necesario nomás. Nada de chocolates, ni helados ni nada. Cuando voy a comprar pan a la panadería que hacen puros pasteles ricos, compro puro pan. Harta ensalada, pero también le hago al arroz, fideos, papas. Como de todo la verdad, porque como estoy dando pecho, no puedo hacer dieta estricta. Y el único ejercicio que hago es caminar, más o menos como una hora con la chancha. A ella le encanta, salió entera patiperra, y yo pienso y miro y me venteo también.
Por eso he pensado que cuando tenga mi otro hijo o hija, adelgazaré primero antes de quedar preñá. Porque puta que es frustrante ponerte un pantalón y que se te salgan todos los rollos o que no te suba por las piernas. Es repenca. Me acuerdo que como por septiembre me compré unas poleras talla M y me quedaban a presión, la pulenta que parecía prieta, pero me dije a mi misma que me debían quedar buenas. Y ahora me quedan la raja.
Así con la cosa. Por eso les digo a las lolas que aún no se preñan pero que quieren, adelgancen antes. No engorden como cerdas en el embarazo. Porque si le sumai la cagá hormonal después del parto más parecer ballena, te doy firmao que te deprimí. No sean como yo que soy cerda. Si después cuesta caleta adelgazar. La pulenta que sí.
Yao los vemos.
Ya ha pasado más de un mes. Y por primera vez en mi vida, he adelgazado sin esfuerzo ni dietas. Esa onda.
Claro que no estoy desnutría ni mina ni nada. Pero desde el post aquel que les contaba cómo estaba de guatona hasta ahora, hartos kilos he perdido. Lo que pasa es que no me he pesado, porque me pasa que si lo hago y cacho que los kilos son caleta, como que me deprimo y como más. Entonces cacho por la ropa nomás.
Por ejemplo unos jeans que se me salían como chorromil rollos y apenas me cabían, ahora que quedan bien. Lotro día me compré unos tolonpas talla 44 y me quedaron la raja. Obvio que lo ideal para mí será llegar a usar la talla 42, pero paciencia nomás.
Lo que no me ha bajado ha sido la guata. Es que la tengo rara. Me quedó así después del parto, una guata que desconozco. Pero como mi cerdita tiene 4 meses nomás, me consuelo. Porque si tuviera un año y yo tuviera esta guata, me deprimiría.
¿Y cómo lo ha hecho? Se preguntarán ustedes. Les cuento: en la comida trato de no cerdear. Si voy al supermercado, compramos lo necesario nomás. Nada de chocolates, ni helados ni nada. Cuando voy a comprar pan a la panadería que hacen puros pasteles ricos, compro puro pan. Harta ensalada, pero también le hago al arroz, fideos, papas. Como de todo la verdad, porque como estoy dando pecho, no puedo hacer dieta estricta. Y el único ejercicio que hago es caminar, más o menos como una hora con la chancha. A ella le encanta, salió entera patiperra, y yo pienso y miro y me venteo también.
Por eso he pensado que cuando tenga mi otro hijo o hija, adelgazaré primero antes de quedar preñá. Porque puta que es frustrante ponerte un pantalón y que se te salgan todos los rollos o que no te suba por las piernas. Es repenca. Me acuerdo que como por septiembre me compré unas poleras talla M y me quedaban a presión, la pulenta que parecía prieta, pero me dije a mi misma que me debían quedar buenas. Y ahora me quedan la raja.
Así con la cosa. Por eso les digo a las lolas que aún no se preñan pero que quieren, adelgancen antes. No engorden como cerdas en el embarazo. Porque si le sumai la cagá hormonal después del parto más parecer ballena, te doy firmao que te deprimí. No sean como yo que soy cerda. Si después cuesta caleta adelgazar. La pulenta que sí.
Yao los vemos.
viernes, diciembre 11, 2009
Crónicas Chuchetas CXLVII: La vida ha sido buena conmigo.
Los que me leen de hace tiempo -cuatro años ya- cachan que me han pasado gueas pencas. Re pencas. Obvio que no soy la única, lo que pasa es que yo la mayoría las he escrito. Por eso cachan.
De hecho, alguna vez pensé que la vida que me había tocado era asquerosa y que nada valía la pena. También alguna vez pensé que era la peor mujer del mundo, que merecía puras gueas malas y que nadie me quisiera, onda como si tuviera un estigma. Si jamás nunca me vi como mamá, hasta ahora que es realidad.
Creo que fui relativamente feliz hasta los 25. Relativamente porque como no quise seguir estudiando derecho y no sabía qué guea estudiar ni cachaba pa' onde iba la micro, lo que me mantuvo angustiada harto tiempo. Pero en mi casa todo andaba bien, mi familia siempre tuvo un buen pasar económico y jamás escuché en mi casa que había que esperar a fin de mes para algo. Eso sí aprendí a ser sencilla y austera, na de levantaos de raja.
Y así jue como cerré mi cuenta corriente y pagué las deudas y me mandé a cambiar a Europa. Los planes eran vivir allá unos años, en ese espíritu patiperro que tengo. Total, no tenía nada que perder. Jui con un ex, ya que su padre vivía allá desde que se había autoexiliado. A este ex le guardo mucho cariño y enveces parlamos su resto. Obviamente, partimos de mochileo: Lyon, Paris, Luxemburgo, Bruselas, Copenhague y otras chorreras de ciudades que no recuerdo. Estando en Malmo llamo para mi casa (siempre llamaba para contar que me había subido a la Torre Eifel, por ejemplo) me contesta mi madre con una voz terrible y me cuenta que mi padre se había muerto. Cuento corto (como si se pudiera): nos vinimos rajaos para Chilito. Mi papá murió un martes 8 de septiembre de 1998, y yo llegué el domingo 13. Algún día les contaré con lujos de detalles, ya que me servirá de terapia también.
Desde ese momento mi vida se partió en dos. Y para mi familia también. Sufrí muchísimo, lo indecible. El dolor no se puede poner en palabras. Se vive nomás. Pero gracias a Dios mi hermana tuvo un domingo 7 (que nació un domingo 7 de verdad) y nos iluminó la vida. Mi hermosa sobrina mostra que la amo más que la chachu, y que en este febrero cumple ya 12 años.
Y seguí haciendo puras gueas. Porque me sentía mal: me desmayaba, me pasó una guea rara que no quería salir de la casa, me daban ataques de angustia, me puse a fumar, me metí con pasteles (mi culpa pero igual son sacos de gueas), y así. Entonces obvio que sentía que mi vida era asquerosa, hasta que una señora me dijo que no pensara que tenía mala suerte en el amor, sino que lo tomara como experiencias. Harta razón le encontré.
Me costó salir de esa depre, porque la persona que me debía ayudar y dar soporte era entera torpe y estoy casi 100% segura que es narciso. Pero gracias a Dios ya no es mi problema.
Fue en ese tiempo que me las di de valiente he hice gueas que ahora pienso que puta que jui aperrá, pero todo me salió la raja: me fui a vivir sola, encontré una pega rápido, carretié hasta que me dio puntá, canté a todo chancho, caminé sola, hasta que conocí al Gato.
Pueden pensar que todo lo que cuento no tiene nada que ver con el título de esta entrada. ¿Cómo si me han pasado hartas gueas malas puedo dar gracias? Por eso mesmo: gracias a lo que he vivido, soy la que soy. De las cosas malas trato de sacar una lección, y aplicarla en mi vida, en mi día a día.
Siento que mi vida ha ido de menos a más. Y con el nacimiento de mi hija, cuando le veo sus ojitos, su nariz igual a la mía, sus ojos iguales a los de su padre, la forma en que me sonríe, que trata de hablar en su lengua guaguistica, sé que la vida ha sido buena conmigo. Muy buena.
Yao los vemos.
De hecho, alguna vez pensé que la vida que me había tocado era asquerosa y que nada valía la pena. También alguna vez pensé que era la peor mujer del mundo, que merecía puras gueas malas y que nadie me quisiera, onda como si tuviera un estigma. Si jamás nunca me vi como mamá, hasta ahora que es realidad.
Creo que fui relativamente feliz hasta los 25. Relativamente porque como no quise seguir estudiando derecho y no sabía qué guea estudiar ni cachaba pa' onde iba la micro, lo que me mantuvo angustiada harto tiempo. Pero en mi casa todo andaba bien, mi familia siempre tuvo un buen pasar económico y jamás escuché en mi casa que había que esperar a fin de mes para algo. Eso sí aprendí a ser sencilla y austera, na de levantaos de raja.
Y así jue como cerré mi cuenta corriente y pagué las deudas y me mandé a cambiar a Europa. Los planes eran vivir allá unos años, en ese espíritu patiperro que tengo. Total, no tenía nada que perder. Jui con un ex, ya que su padre vivía allá desde que se había autoexiliado. A este ex le guardo mucho cariño y enveces parlamos su resto. Obviamente, partimos de mochileo: Lyon, Paris, Luxemburgo, Bruselas, Copenhague y otras chorreras de ciudades que no recuerdo. Estando en Malmo llamo para mi casa (siempre llamaba para contar que me había subido a la Torre Eifel, por ejemplo) me contesta mi madre con una voz terrible y me cuenta que mi padre se había muerto. Cuento corto (como si se pudiera): nos vinimos rajaos para Chilito. Mi papá murió un martes 8 de septiembre de 1998, y yo llegué el domingo 13. Algún día les contaré con lujos de detalles, ya que me servirá de terapia también.
Desde ese momento mi vida se partió en dos. Y para mi familia también. Sufrí muchísimo, lo indecible. El dolor no se puede poner en palabras. Se vive nomás. Pero gracias a Dios mi hermana tuvo un domingo 7 (que nació un domingo 7 de verdad) y nos iluminó la vida. Mi hermosa sobrina mostra que la amo más que la chachu, y que en este febrero cumple ya 12 años.
Y seguí haciendo puras gueas. Porque me sentía mal: me desmayaba, me pasó una guea rara que no quería salir de la casa, me daban ataques de angustia, me puse a fumar, me metí con pasteles (mi culpa pero igual son sacos de gueas), y así. Entonces obvio que sentía que mi vida era asquerosa, hasta que una señora me dijo que no pensara que tenía mala suerte en el amor, sino que lo tomara como experiencias. Harta razón le encontré.
Me costó salir de esa depre, porque la persona que me debía ayudar y dar soporte era entera torpe y estoy casi 100% segura que es narciso. Pero gracias a Dios ya no es mi problema.
Fue en ese tiempo que me las di de valiente he hice gueas que ahora pienso que puta que jui aperrá, pero todo me salió la raja: me fui a vivir sola, encontré una pega rápido, carretié hasta que me dio puntá, canté a todo chancho, caminé sola, hasta que conocí al Gato.
Pueden pensar que todo lo que cuento no tiene nada que ver con el título de esta entrada. ¿Cómo si me han pasado hartas gueas malas puedo dar gracias? Por eso mesmo: gracias a lo que he vivido, soy la que soy. De las cosas malas trato de sacar una lección, y aplicarla en mi vida, en mi día a día.
Siento que mi vida ha ido de menos a más. Y con el nacimiento de mi hija, cuando le veo sus ojitos, su nariz igual a la mía, sus ojos iguales a los de su padre, la forma en que me sonríe, que trata de hablar en su lengua guaguistica, sé que la vida ha sido buena conmigo. Muy buena.
Yao los vemos.
miércoles, diciembre 02, 2009
Crónicas Chuchetas CXLVI: Ensimismada.
No he estado tan buena para escribir en mi blog como acostumbro porque mis días son tranquilos y casi iguales, con la excepción de los días que voy a la doctora a terapia. Y los findes.
Podrán creer que me aburro, pero no. Me gusta mucho mi vida ahora. Me gusta esta calma diaria, el estar todo el día con mi hija cantándole, lavándole el poto, paseándola cuando se pone mañosa, salir a caminar en el coche, ver como toma sus juguetes y que cada día aprende algo nuevo. Y crece guatona y hermosa.
Lo bueno es que anímicamente me he sentido mucho mejor, ya no tengo algunos síntomas asquerosos (como la angustia de la mañana) y que el sol salga todos los días me ayuda mucho.
También miro la vida con otros ojos: ahora sí tengo esperanza. Desde que nació mi hermosa hija y la vida ha vuelto a tomar un ritmo, me pregunto cómo lo hacía antes para levantarme en las mañanas que amanecía deprimida o que me daba angustia ir a la pega porque me cargaba. Claro que soy una luchadora 100% y le tuerzo la mano a la vida, aunque tenga los genes cagaos igual lucho. Pero ahora todo es diferente, todo tan diferente.
El amor que se siente por los hijos no se puede explicar, porque sólo se siente. Mi corazón está llenísimo de amor por esta niña hermosa que me mira con sus ojos hermosos y me regala un millón de sonrisas al día, y con sólo eso yo me doy por pagada en esta vida, con sólo esos pequeños gestos soy inmensamente feliz.
Supongo que la maternidad me tiene totalmente ensimismada, que no necesito nada más todavía. Leo cuando puedo (casi nunca), escribo a la rápida y después de haberlo pensado en los paseos con la chancha, me encremo a la rápida en las mañanas, me peino una pura vez al día, ya no me pinto las uñas y las uso cortas.
Sin embargo, tengo amor y esperanza por montones. Mi hija me hace completamente feliz, de una manera nueva y que jamás imaginé.
Ya vendrá el tiempo para ser mujer. Ahora sólo quiero ser mamá.
Yao los vemos.
Podrán creer que me aburro, pero no. Me gusta mucho mi vida ahora. Me gusta esta calma diaria, el estar todo el día con mi hija cantándole, lavándole el poto, paseándola cuando se pone mañosa, salir a caminar en el coche, ver como toma sus juguetes y que cada día aprende algo nuevo. Y crece guatona y hermosa.
Lo bueno es que anímicamente me he sentido mucho mejor, ya no tengo algunos síntomas asquerosos (como la angustia de la mañana) y que el sol salga todos los días me ayuda mucho.
También miro la vida con otros ojos: ahora sí tengo esperanza. Desde que nació mi hermosa hija y la vida ha vuelto a tomar un ritmo, me pregunto cómo lo hacía antes para levantarme en las mañanas que amanecía deprimida o que me daba angustia ir a la pega porque me cargaba. Claro que soy una luchadora 100% y le tuerzo la mano a la vida, aunque tenga los genes cagaos igual lucho. Pero ahora todo es diferente, todo tan diferente.
El amor que se siente por los hijos no se puede explicar, porque sólo se siente. Mi corazón está llenísimo de amor por esta niña hermosa que me mira con sus ojos hermosos y me regala un millón de sonrisas al día, y con sólo eso yo me doy por pagada en esta vida, con sólo esos pequeños gestos soy inmensamente feliz.
Supongo que la maternidad me tiene totalmente ensimismada, que no necesito nada más todavía. Leo cuando puedo (casi nunca), escribo a la rápida y después de haberlo pensado en los paseos con la chancha, me encremo a la rápida en las mañanas, me peino una pura vez al día, ya no me pinto las uñas y las uso cortas.
Sin embargo, tengo amor y esperanza por montones. Mi hija me hace completamente feliz, de una manera nueva y que jamás imaginé.
Ya vendrá el tiempo para ser mujer. Ahora sólo quiero ser mamá.
Yao los vemos.
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