
La cosa es que ahora sí que tengo la media guata y la silla donde estoy sentada me quedó entera chica, aunque la cambiamos por una grande de la sala de reuniones, aunque no es 100% cómoda. Los vestidos que uso para trabajar me quedan buenos todavía, sólo que la parte de adelante se me levanta por la guata, pero pasan piola. Y también me da más hambre, sin contar que voy 764 veces al baño por día, que tengo las pechugas gigantes y que me duele la espalda.
Soy reclamona por naturaleza, ahora viene la parte pulenta: en la última visita al dostor, nos dijo que existía un 98% de posibilidades que es mujer. Por supuesto el Gato está doblemente feliz y se aguanta siempre las lágrimas cada vez que la vemos en la pantalla, con la mano al lado de su cabecita o pateando como loca. Seguro será reclamona como yo y su tía y su abuela materna, mi mamá pa’ los pocos avispaos.
La gueá rara pero yo estaba segura que sería hombre, pura tincá nomás. Hasta le teníamos nombre y todo. La cosa es que la antes de irme de vacas mi mamá me vio la guata y me dijo: capaz que sea chancleta. Y en Panguipulli (donde juimos a pasear) el dueño de una panadería y cafetería entero guena onda (íbamos siempre a comer cosas ricas) me dijo que era guata de niñita, que una vez en el doctor me iba a acordar de él.
Así que seré madre de una niña, que tiene nombre que no les diré porque hay gente entera sapa que me lee de pura copucha y no les daré el gusto de saber el nombre de mi hija para que se queden con el doble de copucha y pica, lero lero gueones sapos y malas ondas.
También la he sentido moverse, poquito y tengo que estar concentrada. La primera vez me puse a llorar, cosa que no es rara porque lloro por todo. En serio. Puedo estar viendo un programa entero malo pero si cuentan una historia cebolla, yo lloro. Siempre he sido sensible, pero ahora la cagó.
Y ahora que sé que es mujer, no me cuesta imaginármela. La veo en mis brazos, o en los brazos del Gato, que no la dejará en paz a la pobre y que a medida que crezca se aprovechará de su padre, como yo lo hice con el mío.
A la nutrióloga tengo que ir en estos días. Según la gente en general, no me veo cerda, sino que pura guata. Pero otra cosa es la pesa. Y de hecho me metí por raja todo lo nutricional en las vacaciones. Bueno, ni tanto. Pero no es lo mismo que estar en la pega y seguir una rutina de comidas que estar en el sur donde se puede comer a destajo salmón, arándanos, quequitos, chocolates y harta lechita.
Aparte de Panguipulli, fuimos a Valdivia. El Gato lo conocía sólo por pega, así es que dimos una vuelta por los ríos, Corral y Mancera, muy bonito, con un sol espectacular y comidita rica. Obvio que fuimos al restaurante camino a Niebla de la Kunstmann, claro que como no puedo tomar, sólo alorosé los vasos del Gato. Y así lo hago con las cosas que no puedo comer: puro aloroso. Pero no me importa, sólo estoy preocupada que mi hija nazca guatona, hambrienta y llorona.
Me tengo que poner al día con los que amablemente me leen y postean. Porque me carga la gente que no comenta los otros blogs, ni que fueran tan pulentos para no poder devolver unas pocas líneas. Me carga esa actitud de grandes egos que tienen algunos, que puro les gusta tener visitas pero no comentan a nadie. Y escriben puras gueas la mayoría.
Eso sería por ahora. Ando entera pajera aún y me cuesta estar en la pega, más que antes. Y me carga este cambio de hora, esa idea que una duerme una hora más es pura mentira. Ojalá en este país hagan un estudio decente alguna vez para cachar si realmente se “ahorra” con el cambio de hora. Por mientras son puras gueas nomás.
Yao los vemos.

































