martes, diciembre 16, 2008

Crónicas Chuchetas LXIII: Mi antiguo barrio.

Con el Gato vivimos por casi dos años en el Barrio Yungay. Como muchas cosas de mi vida, fue de pura casualidad que arrendé un depto por esos lares: me quedaba cerca del metro y el depto era bastante amplio. De a poco fuimos conociendo el barrio, cachando su “onda” y los lugares: el Sindicato, la Peluquería Francesa (donde el Gato se corta el lope hasta el día de hoy), la plaza Brasil y sus curaos, la plaza del Roto Chileno donde se ve gente de todas las nacionalidades y hartos negros, Matucana 100, la Biblioteca, la Quinta Normal, el Charro de Oro (comida mexicana baratísima), el Huaso Enrique, el Galpón Víctor Jara y todas sus calles que caminamos por puro gusto y otros lugares más que ahora no se me vienen a la mente.

A pesar que no extraño el depto. (me aburrió vivir en ellos) extraño harto la vida de barrio. A una cuadra teníamos una pulenta feria, donde les comprábamos siempre a los mismos caseros, los saludábamos y hasta nos despedimos cuando nos fuimos. Teníamos también a nuestro dealer de películas, el Ángel, que siempre que nos veía temprano en la feria nos gritaba de donde nos viera que si acaso nos caímos de la cama, que nos devolviéramos a la casa sino el día se iba a echar a perder. También los quiltros del barrio: la Muñeca (una siberiana) que llegó de repente y ni molestaba; y el Hacha, un quiltro que llegó un invierno que hizo mucho frío (el 2006 me parece) y cuando salíamos en la mañana temprano a trabajar lo veíamos todo enrolladito y flacuchento con una capa toda roída. Hasta que lo aguacharon y después se puso guatón, balsúo y si una le iba a hacer cariño, te mordía. El Hacha duerme en una casa que le hicieron los vecinos con la Muñeca, en la calle. El otro quiltro era el Chasquita, feo y choro como él solo, se paraba en medio de la calle y los autos tenían que hacerse a un lado, por más que nosotros lo llamábamos para que no le pasara nada. Hace poco pasamos por el barrio y tenía una pulenta casa.

Mi favorito lejos es el Patán Mario, mezcla de quiltro con labrador. Su amo es el Luis, que tiene un negocio que nunca cierra, con unos horarios que nunca entendimos, donde comimos la marraqueta más rica. El Patán es el fundido de toda la gente del barrio (y convive lo más bien con el Hacha y la Muñeca), guatón y regalón.

Me gusta mucho la vida de barrio, la verdad. A pesar de las vecinas copuchentas, algunos ruidos y la música mala del vecino que no falta.

Estoy volviendo a vivir como me gusta. Y eso me tiene contenta.

Yao los vemos.

8 comentarios :

Sabina Atalaski dijo...

Chaaaaahhh... juimos vicinas y ni supimos!!! jajaja...

Mañana es día de feria y voy a ir... ¿a quien le mandó saludos?

A todo esto, cuando la Heredera era chica-chica, decía: quiero ir a la plaza del "Ratón" Chileno!!! wajaja...

Un abrazo más repuesto... mucho, mucho más.

Daniel dijo...

Esa vida de barrio es la que se ha perdido en Santiago y en las ciudades grandes en general. Es cosa de ver en los sectores altos de la ciudad, donde esa vida no existe, y cada cual se refugia en su bunker.
Saludos

Laura Virtual dijo...

Wua... yo viví en la plaza Brasil hace más de 10 años, en un depto que compartía con fellini, el gato blanco que ahora vive con mis viejos.

Son lindos esos barrios...

propenso dijo...

Es como el bello barrio del cual habla Mauricio Redolés. Es bakan ese barrio, a veces carreteo por ahi.
ya nos vemos y estoy de vacas, asi que cualquier cosa, estoy disponible probablemente.
Chau

 kotto dijo...

cuesta encontrar barrios (a no ser que hayas nacido ahí) donde te sientas muy comoda... me encantó tu relato...
se me hizo hasta familiar..

cariños

 kotto dijo...

chaaaaaaaa.. me tabai comentado mientras yo hacía lo mismo puta que estamos conectados!!!!

Rocio dijo...

a mi lo que más me gusta es la feria, por que venden todo fresquiiiiiiiiito, bakanisimo

Venus dijo...

Que buena, los infaltables personajes de cada barrio...